Excelencia perdida

Estados Unidos es un país amante de los deportes, sus ciudadanos están al tanto de lo que ocurre con sus ligas profesionales, a un grado casi religioso y la cultura de la victoria se encuentra impresa en su mentalidad. Una franquicia en nuestro vecino país del norte ...

Estados Unidos es un país amante de los deportes, sus ciudadanos están al tanto de lo que ocurre con sus ligas profesionales, a un grado casi religioso y la cultura de la victoria se encuentra impresa en su mentalidad. Una franquicia en nuestro vecino país del norte ejemplificó de forma perfecta esto. Me refiero a los Raiders.

Este equipo fundado en 1960 tardó en encontrar el éxito que lograron otras franquicias de la entonces AFL. Pero con la llegada de Al Davis para la temporada del 63 en la doble función de gerente general y entrenador en jefe, las cosas comenzaron a mejorar sustancialmente.

Con el polémico Davis al frente de la toma de decisiones operativas y deportivas, Oakland se encontró en un papel protagónico transformándose en una franquicia modelo. Junto a John Madden, que llegó como head coach en 1969, inició una de las etapas más exitosas del deporte organizado en la Unión Americana.

A partir de ese momento comenzó la era dorada del equipo negro y plata, la que duró hasta mediados de los 80. Ganaron tres tazones, no hubo equipo con mejor porcentaje en toda la NFL, además de que ganaron ocho títulos de división.

La excelencia que Davis demandaba era más que una frase trillada, era una filosofía llevada al pie de la letra. Los números no mienten, desde 1963 hasta 2002, última temporada en la que ganaron la AFC, Oakland participó en 39 campañas, terminando con récord perdedor únicamente en siete. Agregando que durante los 20 años que transcurrieron de 1965 a 1985 terminaron por arriba de .500 en 19 temporadas.

Pero las cosas han dado un giro negativo en tiempo reciente, tras la derrota en el Súper Tazón ante los Bucaneros de Tampa Bay en enero de 2003, no han regresado a la postemporada, sumando fracaso tras fracaso y nueve campañas perdedoras. La estabilidad que reinó por años en la bahía se esfumó una vez que Davis se empecinó en hacer las cosas a su manera sin adaptarse a la época actual, empeorando esto con los cambios constantes en el puesto de entrenador, así como malas decisiones en el draft universitario.

Han transcurrido casi tres años del fallecimiento del hombre que personificó la rebeldía en el deporte estadunidense y las complicaciones siguen presentes en Oakland. El turno de buscar un cambio de timón ahora correspondió a su hijo Mark, que tras el pésimo inicio en este 2014 sumando cuatro derrotas consecutivas, decidió en la noche del pasado lunes despedir al coach Dennis Allen, que desde su llegada en 2012 no pudo romper con la cadena perdedora.

Salvo que Tony Sparano, coach interino, logre un milagro deportivo, todo indica que la otrora orgullosa franquicia va rumbo a agregar un nuevo trago amargo. Mark Davis y el gerente general Reggie McKenzie tienen mucho trabajo por delante para regresar a los Raiders a la excelencia que por décadas les caracterizó.

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