Ruta de desaceleración de obesidad

México es uno de los países con los más altos niveles de sobrepeso y obesidad en el mundo, su prevalencia ha aumentado considerablemente en los últimos 30 años, atribuible con el consumo creciente de productos ultraprocesados y bebidas azucaradas que desplazan a los alimentos saludables.

Este aumento se relaciona a sistemas sociales que fomentan el consumo excesivo y estilos de vida sedentarios. Esta situación incrementa el riesgo de enfermedades crónicas como diabetes, hipertensión y enfermedades cardiovasculares que representan una de las principales causas de enfermedad y muerte en el país.

El panorama mexicano en cifras revela que 76.2% de los adultos presentan sobrepeso u obesidad; que tres de cada cuatro mexicanos viven con exceso de masa corporal y que la obesidad abdominal afecta a 81% de este grupo poblacional; en cuanto a las infancias, de 5 a 11 años, 37.2% ya presentan sobrepeso u obesidad; en la población adolescente de 12 a 19 años la cifra escala a 41.1 por ciento. Un factor crítico atañe a 66% de los menores que consumen más azúcares añadidos de lo recomendado. La tendencia es el riesgo de enfermedades crónicas, que se están desplazando a edades cada vez más tempranas. Una de las causas es el sedentarismo que actúa como el principal multiplicador de las complicaciones metabólicas en México. La estadística sobre la actividad/inactividad física de la población en México que presenta el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), a través del Módulo de Práctica Deportiva y Ejercicio Físico (Mopradef-2025), muestra que sólo 41.7% de la población de 12 años y más realiza algún deporte o ejercicio físico en su tiempo libre.

Al distinguir según sexo, la participación fue de 37.4% en mujeres y 46.7% en hombres, una brecha de género de 9.3 puntos porcentuales.

Mitigar el sobrepeso y obesidad no es asunto exclusivo del sector Salud, no depende únicamente de decisiones individuales, es un problema multifactorial que requiere una estrategia de políticas públicas integrales, donde converja la participación de todos los sectores para una regulación efectiva de políticas fiscales, del etiquetado frontal, de promoción de entornos saludables, de alimentación adecuada y de actividad física; con reformulación de productos y de marketing responsable con énfasis en población infantil y juvenil, con acción frente a factores de riesgo, como la falta de alimentos saludables y publicidad engañosa.

Ante este panorama, el gobierno de México impulsa la Ruta de Desaceleración del Sobrepeso y la Obesidad, una estrategia de salud pública orientada a prevenir, contener y reducir el impacto de este problema en la población mediante acciones integrales que involucran a diversas instituciones del Estado, al sistema de salud, al sector educativo y a la sociedad en su conjunto.

El objetivo es lograr una reducción calórica poblacional promedio de 40 kilocalorías por persona al día, con el fin de estabilizar la prevalencia de obesidad y contribuir a detener el crecimiento de las enfermedades crónicas no transmisibles, transformando entornos que influyen en la alimentación y la actividad física, al tiempo que se fortalecen las acciones de prevención y atención médica y de las políticas públicas.

Como parte de esta estrategia se implementa el Protocolo Nacional de Atención Médica para el Sobrepeso y la Obesidad en el primer nivel de atención, con enfoque en fortalecer la atención primaria y prevenir el desarrollo de enfermedades crónicas asociadas, y tomando como punto de partida las directrices de la Organización Mundial de la Salud, que reconocen que la promoción de la actividad física contribuye al logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

México impulsa la salud en el Mundial Social 2026, con actividades deportivas comunitarias y escolares, pausas activas y recreos activos en escuelas, promoción de las Guías Alimentarias Saludables y Sostenibles para la población mexicana, difusión del etiquetado frontal de advertencia para identificar de forma clara alimentos y bebidas con exceso de azúcares, grasas o sodio, facilitando decisiones de consumo. Y la Semana Nacional de Salud Pública, que constituye la principal plataforma territorial para fortalecer las acciones de prevención y promoción de la salud en todo el país. En este contexto, la actividad física regular no sólo previene enfermedades, forma hábitos, valores, disciplina, pertenencia y bienestar emocional. La actividad física debe ser un imperativo de la agenda pública.