Rosa veneciano

Circulan un par de fotografías de hermoso color rosa viviente de un mar de flamencos en la superficie de los canales de Venecia y en las aguas de Bombay. Un espectáculo único sólo posible por el silencio del hombre en obligado aislamiento. Las aves, peces, animales, ...

Arturo Xicoténcatl

Arturo Xicoténcatl

El espejo de tinta

Circulan un par de fotografías de hermoso color rosa viviente de un mar de flamencos en la superficie de los canales de Venecia y en las aguas de Bombay. Un espectáculo único sólo posible por el silencio del hombre en obligado aislamiento. Las aves, peces, animales, recobran el espacio y la libertad que la naturaleza les ofrece; visión de armonía que hace décadas no se disfrutaba. Algo semejante debe ocurrir en los mares, en los ríos, en selvas y bosques. La vida palpita en paz en el suave rumor de los vientos del día y de la noche. Hace poco más de un par de décadas experimenté en Celestún, en la península de Yucatán, la fascinación de presenciar cómo un punto rosa lejano en movimiento crecía y se convertía en preciosa nube y en una bandada de cientos y cientos de flamencos; me tocó el privilegio de avizorar, en aquel atardecer, el enorme globo rojo escarlata del Sol, a semejanza de una farola china, cruzado por una delgada nube negra húmeda, hundiéndose en las ondas marinas del golfo de México.

Cuánto hemos perdido en la relación con la naturaleza. Allá por la década de los 40, en Tepic, Nayarit, en los días tibios de la primavera, las calles se pintaban en una sinfonía de parpadeantes colores con miríadas de mariposas, blancas, amarillas, tocadas de negro. Aparecen en los recuerdos las cetonias de intenso verde esmeralda metálico y su vuelo circular en el hilo en el que los niños las ataban; arroyos de agua limpia y transparente. El olor del zacate recién cortado, lo caliente de los lomos del caballo y el rechinido de la silla de montar; el vuelo a ras de las golondrinas.

Venecia y Bombay proyectan un oasis espiritual en un momento excepcional en que la siniestra guadaña del coronavirus rige y se enseñorea en todo el globo. Su amenaza letal ha alterado y dañado la salud, ha trastornado las costumbres y actividades humanas, sociales, laborales, deportivas, políticas, artísticas. Se engañan quienes insisten en graficar estadísticas, fechas, planes, temporalidad. Día tras día se evaporan pronósticos, proyectos. Y seguirán escurriéndose como agua entre las manos; en tanto no se descubra la vacuna se extenderá la cuarentena con repercusiones en la conducta, la actividad, la economía.

Es un error y falta de ética, pura baba de perico, equiparar gráficas con otros países. Hay en matemáticas un límite estadístico; hay un límite en la regla de tres simple. Ejemplo: el día tiene 86,400 segundos. Si un hombre edifica una barda en 24 horas significa que 86,400 hombres la construirán en un segundo? Es una rotunda equivocación hacer extrapolaciones con las curvas semejantes del virus en otros sitios: la influencia es multifactorial: grado cultural, científico, tecnológico, económico, alimentario, respeto, educación.

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