Lampos en 1,500 m
Lancemos una ojeada al fascinante universo de los 1,500 m planos, a la cultura del esfuerzo y algunos destellos de su proceso evolutivo con el único fin de hacer conexión con un acontecimiento que los especialistas de prestigio del atletismo, tanto es su azoro, no han ...
Lancemos una ojeada al fascinante universo de los 1,500 m planos, a la cultura del esfuerzo y algunos destellos de su proceso evolutivo con el único fin de hacer conexión con un acontecimiento que los especialistas de prestigio del atletismo, tanto es su azoro, no han conseguido explicarlo plenamente, como si intentasen descubrir la cuadratura del círculo con compás y regla.
Se cumplen hoy 58 años de la hazaña del estadunidense Jim Ryun, el prodigio de Wichita, Kansas; emblema del poderío de EU: el 8 de julio de 1967 rompió el récord mundial en 3’32”2/10 en Los Angeles, aproximándose a la mítica muralla de los 3’30”, dándole un toque de certidumbre al desafío.
Ryun batió la marca mundial que estableció en los JO de Roma el legendario australiano Herb Elliott, al conquistar el oro en 3’35”6, en una prueba en la que superó al héroe francés Michel Jazy, plata en 3’38”4. Siete años para reducir el RM en 03”4/10. Ryun llegó a los JO de México 68 con la aureola de invencible durante dos años en poco más de una veintena de 1,500 m.
En México 68, que significó el despertar de Kenia como potencia olímpica y mundial, lo derrotó Hezekiah Kipchoge Keino, en 3’34”91 contra 3’37”89, con una diferencia aproximada de 25 m. El crono de Keino —quien, dice Quercetani, su primera carrera la realizó a los 7 años de edad, cuando se disparó como una flecha al ver, muy cerca, cómo un leopardo atrapaba a una de las cabras que cuidaba— se estimó como un 3’30” a nivel del mar. Impresionante esfuerzo a los 2,240 m snm.
El 16 de julio se cumplen 40 años de la memorable carrera y hazaña del inglés Steve Cram, que lo convirtieron en el primer hombre en cruzar los 3’30”. En la pista de Niza, en 1985, señaló 3’29”67, y el marroquí Saïd Aouita le siguió en 3’29”71, en frenética persecución, en la que el isleño marcó 40” en los últimos 300 m y el africano 39”2.
Los 1,500 m exigen madurez agonal, resistencia y rapidez. De lo más asombroso ha sido el esfuerzo del célebre marroquí Hicham El Guerrouj por alcanzar el oro olímpico. Se tropezó en Atlanta 96, lo sorprendió Noah Ngeny en Sidney 2000 y, finalmente, en acción suprema, triunfó en Atenas 2004. Atleta único, desde los tiempos del finlandés Paavo Nurmi, en dominar los 1,500 y 5,000 en unos JO.
Tenía 24 años cuando el 14 de julio de 1998, en Roma, dejó el RM en 3’26.00, vigente desde hace 27 años… Ya hace rato los ojos del mundo se dirigen al noruego Jakob Ingebrigtsen (3’27”73 en Mónaco, el 12-07-24, cuarta marca más rápida de la historia) como el hombre con perspectivas de atacar el RM de El Guerrouj. De súbito irrumpe en la escena el keniano Phanuel Koech, de 18 años; señala 3’27”72 al ocupar el 2º lugar en el Meeting de París el 20 de junio.
Dos semanas antes, en Lucca, Italia, había cronometrado 3’32”26. ¡Mejoró 04”14 en quince días! Y ¡zás!, aquel crono lo coloca como el noveno atleta más rápido de todos los tiempos entre el campeón olímpico de París, Cole Hocker, de EU, 8avo en 3’27”65, y el inglés Josh Kerr, 10º, campeón mundial en 3’27”79. El Mundial de Tokio puede aclarar preguntas.
