El abrazo de Cornelius Horan
Grabadas de manera inmarcesible en la memoria del lector que recorre con sus ojos estas líneas hay imágenes de acontecimientos deportivos. El maratonista etíope Abebe Bikila bajo el Arco de Constantino en su victoria en los JO de Roma; El Combate del Siglo entre ...
Grabadas de manera inmarcesible en la memoria del lector que recorre con sus ojos estas líneas hay imágenes de acontecimientos deportivos. El maratonista etíope Abebe Bikila bajo el Arco de Constantino en su victoria en los JO de Roma; El Combate del Siglo entre Muhammad Ali y George Foreman, dos campeones olímpicos, en la húmeda selva de Kinshasa, Zaire; el brutal K.O. de Ultiminio Ramos a Davey Moore de consecuencias fatales cuando, con instinto salvaje, dobla con puñetazos el cuerpo agónico de su adversario; el gol artístico de Pelé, de 17 años, en el Mundial de Suecia en 1958; la rumana Nadia Comaneci con el primer diez de la historia, en la viga de equilibrio, en Montreal. La dramática victoria de Michael Phelps sobre Miroslav Cavic, apenas por una centésima de segundo en los 100 m de mariposa. La meteórica rapidez de Usain Bolt en los 200 m lisos. El pájaro que salió de repente de la gorra de Casey Stengel en el Yanqui Stadium. Cada uno posee un desfile de imágenes que es un tesoro de recuerdos sobre recuerdos; la memoria es una hermosa catedral de reliquias, joyas, vitrales.
Precisamente cuando se desvanece el estrés de la pandemia, cuando se respira una atmósfera con tendencia a la normalidad, de mayor serenidad en contraste a la del verano pasado, que sacudió las alarmas en el mundo con la aparición del letal coronavirus y los diferentes matices de incertidumbre y percepciones: la incredulidad de los ignorantes, la indiferencia estólida y soberbia de los políticos, la preocupación de científicos responsables que se dieron a la febril tarea de descubrir lo más pronto posible una vacuna; hoy, al cuarto para las doce, aparecen voces desafinadas, un tanto perversas y oportunistas, que claman la cancelación de los JO de Tokio. En visión equivocada y parcial, amparadas en un sentimiento proteccionista de la salud humana, hacen más daño del bien que supuestamente desean hacer. Y no se entiende por qué los dardos sólo se dirigen al deporte olímpico al tiempo que otros abren espacio y tribunas al espectáculo. Viene a la mente el abrazo del sacerdote irlandés Cornelius Horan al brasileño Vanderlei de Lima, líder del maratón olímpico de Atenas 2004, con 28 segundos de ventaja. Destrozó el sueño dorado del atleta.
La pasión por el deporte no ciega a nadie de los riesgos potenciales del virus en una reunión de competidores. Se entiende la preocupación del pueblo japonés que casi no presenta casos mortales por el coronavirus. El gobierno de Japón, el C. Organizador y el CO Internacional han tomado las máximas medidas sanitarias. Incluso los atletas deben llevar un certificado de vacunación. Viaja a Tokio un núcleo de personas jóvenes, sanas. Esta generación olímpica lleva cinco años de preparación. Es inconcebible cancelarlos.
