El Torito carbonizado, en el ADN

Si Francis Crick y James Watson hubiesen profundizado un poco más sus investigaciones en la estructura molecular del ADN y las hubieran extendido a una gran parte de la masa de aficionados y comunicadores y dirigentes del deporte en México habrían recibido, además del ...

Arturo Xicoténcatl

Arturo Xicoténcatl

El espejo de tinta

Si Francis Crick y James Watson hubiesen profundizado un poco más sus investigaciones en la estructura molecular del ADN y las hubieran extendido a una gran parte de la masa de aficionados y comunicadores y dirigentes del deporte en México habrían recibido, además del Premio Nobel, el Premio Nacional del Deporte. Enroscada en la hélice habrían descubierto que en las venas de aquéllos les circula en la sangre, como testimonio inmutable, el ADN de El Torito carbonizado. Sí, el hijito de Pepe El Toro y La Chorreada.

¿Por qué al deporte se le magnifica con un espectáculo conmovedor de tragedia, cuando no de ofensa? Acaso esto amerita un poco de más seriedad y reflexión. Sólo que es noviembre y es el mes del PND cuya fecha y criterios cada vez son más politizados lo que significa estar distanciado a leguas del sentido con el que se creó en 1975.

Dicen que aquel niño era tan pobre, pero tan pobre que cuando fue a la matiné a ver Nosotros los pobres salió masoquistamente feliz porque pensó que se trataba de una comedia musical. Y molesto porque no vio a Fred ni a Ginger.

La visión política con la que se aprecia el deporte distorsiona los criterios de elección. La fecha, 20 de noviembre, deja un vacío; quienes logran una actuación importante en noviembre o en diciembre, son olvidados al año siguiente. Incluso como sucedió con Fernando Platas cuando en enero de 1991, a los 17 años de edad, ocupó el quinto lugar en el Campeonato Mundial de Natación de Perth, Australia, fue descartado con el fin de conceder el PN a un pentatleta que fue octavo en el Mundial Juvenil.

Observe, hoy como ayer, no hay distinción entre un Campeonato Mundial de primera fuerza con uno de categoría juvenil, ni siquiera distinguieron la diferencia de lugar. ¿Cómo es posible que un octavo lugar juvenil sea mejor que un quinto en el que intervienen los mejores del mundo? Ése es el oscuro y sucio juego de la política deportiva.

La politización del PND es como una especie de venda en los ojos del jurado. Se ciegan en las interpretaciones y se obstinan en mantener el río revuelto. Ondulan en la indefinición, nunca se sabe a ciencia cierta si el PN se debe otorgar por la actuación correspondiente al año actual o bien por trayectoria.

Pero hay algo. Asentamos en este espacio fijar los límites en cuanto a la temporalidad como a la jerarquía o el grado o valor de la hazaña del atleta.

Los buitres del olimpismo esperaron a que Joaquín Capilla enfermara y tuviese un pie en el sepulcro —la divisa política es que haya dramatismo, estrujante, conmovedor, con el propósito de que contraste con el espíritu altruista, bondadoso, generoso, piadoso, misericordioso, de los que hacen la propuesta; la sonrisa, el abrazo en público ante las cámaras— para concederle el PND. A Capilla, que vivió situaciones apremiantes económicas y de salud, lo olvidaron.

Con frecuencia se mueven intereses políticos, algunos por agachismo; se premia a unos y se atropella a otros. Deseo asentar que desde un punto eminentemente deportivo lo que hicieron María Teresa Ramírez e Irma Huerta a los 12 años, es algo incomparable. Tere ganó medalla de bronce en los 100 m de mariposa en los Juegos Centroamericanos y del caribe y a los 15, bronce en los JO de México 68. E Irma, medalla de plata en los JC de La Habana 82, a los 12 años, en los 800 m nado libre y bronce en el relevo combinado. Pulsen.

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