Como el deporte es espejo de la vida, guardando toda proporción, la reconciliación de dos famosos protagonistas de la pértiga, atleta-entrenador, nos transfiere a la parábola de El hijo pródigo en la que el sentimiento de amor y misericordia del padre ocupa un sitio central de manera paralela con el ¿por qué? del primogénito, semejante al de Virata, creación literaria de Zweig, guerrero, consejero de rey, sabio, reo voluntario y santo, cuando al abandonar la isla y recorrer las calles del pueblo cercano siente el odio en los ojos de aquella mujer que nunca antes había visto. En esencia se nos presenta una expresión de ternura con una interrogante.
Las relaciones humanas son harto complejas. Hace poco más de un lustro la pertiguista rusa Yelena Isinbayeva, de hermosos y profundos ojos color esmeralda, vivió uno de sus momentos estelares. Victoria en los Juegos de Atenas 2004, triunfo resonante en el Mundial de Helsinki, primera mujer en franquear la altura mítica de los 5 m en el salto con garrocha.
Sus logros son el fruto de su esfuerzo con la paciencia y conocimientos del especialista Yevgeni Trofimov. Atleta-entrenador forman una simbiosis técnica ideal que se refleja en 18 récords mundiales. Pero, ¡ay!, en la cauda de éxitos suele presentarse el divorcio.
Inesperadamente Isinbayeva, en un arrebato de despreció y sed por alcanzar la perfección, rompió con Trofimov. Cogió sus bártulos de entrenamientos y se dirigió a Formia, Italia. Había oído el canto de las sirenas en boca de Sergey Bubka, quien le exaltó las virtudes de su entrenador Vitaly Pétrov. Ambos están identificados universalmente como los más grandes garrochistas de todos los tiempos.
Un cambio en la élite no significa un antes y un después. El atleta se lleva centón de conocimientos técnicos, experiencias, vivencias. Existe un periodo de inercia que lleva, mantiene y puede elevar el nuevo entrenador. El cambio resultó favorable en los primeros meses. La parábola de Isinbayeva continuó en ascenso con Pétrov. En Beijing asombró con aquel salto dramático de 5.05. Y más tarde elevó el listón a un prodigioso 5.06 m en la mágica pista de Letzigrund, en Zurich, el 28 de agosto de 2009. Es dueña de un total de 27 récords, 15 al aire libre y 12 en pista cubierta.
Días antes algo ocurrió durante el Mundial de Berlín. Sorteó con dificultades, en la tercera oportunidad, el 4.40 m y le resultó imposible saltar más allá de los 4.45 m, que representan 61 cm menos de su plusmarca. Una actuación con cierto paralelismo con la de Bubka durante los JO de Barcelona. Ganador del oro en Seúl no pudo franquear los 5.60 m.
A la falla estrepitosa en Berlín siguió el 4o lugar en el Mundial Bajo Techo, en Doha, Qatar, 2010. Fue superada por su compañera de equipo, en Formia, la brasileña Fabiana Murer.
Este 6 de marzo en Volvogrado sonó el teléfono. Por el auricular Trofimov escuchó: “Maestro, soy Yelena, ¿cómo está?”... Y Trofimov organizó una fiesta con la familia de Isinbayeva.
