Alianza IA-poder: Aumenta la posverdad y la desinformación digital
Ante el lucro corporativo, la erosión democrática y el uso indiscriminado de IA generativa, la solución apunta hacia una transparencia algorítmica radical y el fortalecer la alfabetización digital

En la última década, la arquitectura de la realidad ha sufrido una fractura que parece irreparable, como aseguran especialistas. Lo que antes considerábamos un consenso sobre los hechos básicos se ha disuelto en un océano de algoritmos, sesgos cognitivos y una alianza sin precedentes entre el poder político de corte autoritario y las oligarquías tecnológicas que hoy ofrecen sus herramientas de inteligencia artificial generativa como infraestructura para impulsar la desinformación.
Estamos habitando la era de la posverdad, un ecosistema donde la verdad objetiva ha dejado de ser la moneda de cambio para ser sustituida por la apelación a las emociones y las creencias personales, erosionando los cimientos de la democracia moderna”, afirma Waleed Sami, investigador en prácticas en el Instituto de Estudios Estratégicos de Islamabad (ISSI) e investigador junior en el Instituto de Estabilidad Estratégica del Sur de Asia (SASSI).
La desinformación no es un fenómeno espontáneo, sino un producto diseñado. Según Renée DiResta, profesora de la Universidad de Georgetown, “ahora tenemos una verdad adaptada a cada persona: La colisión entre la maquinaria de propaganda y los rumores ha creado una epistemología de ‘elige tu propia aventura’. Algunos medios digitales o las redes sociales ya han escrito la historia que quieres creer, algún influencer está demonizando al grupo que odias y así sucesivamente”.
Lamentablemente, los expertos aseguran que hemos cruzado una década que transformó la desinformación de un ruido marginal a la “nueva normalidad”. Este trayecto, que comenzó con las tácticas de manipulación de Steve Bannon y la victoria de Donald Trump en 2016, ha culminado con la adquisición de plataformas clave por parte de figuras como Elon Musk.
Bajo la bandera de una “libertad de expresión absoluta”, se ha desmantelado la moderación de contenidos, permitiendo que las narrativas falsas se propaguen con una velocidad y eficiencia quirúrgica.
Esta normalización ha tenido un efecto devastador: la desensibilización del público. Al inundar el espacio digital con versiones contradictorias de la realidad, el objetivo no es siempre hacer que la gente crea una mentira, sino que deje de creer en la posibilidad de la verdad. Este es el terreno fértil para el autoritarismo”, explica Renée DiResta.

¿Qué entendemos por posverdad?
El término describe un entorno donde los hechos y la evidencia objetiva tienen menos peso en la formación de la opinión pública que las emociones o apelaciones identitarias. En la práctica, esto significa que contenido emocionalmente atractivo —verdadero o no— gana visibilidad y legitimidad, reduciendo el espacio para la deliberación basada en evidencia.
La alianza tecnológica
Uno de los giros más significativos en el panorama político actual es la capitulación de la clase multimillonaria de Silicon Valley ante el retorno y la consolidación de Donald Trump. Como destaca Donald Earl Collins, profesor titular en la American University de Washington DC, en un texto publicado por Al Jazeera, “la clase multimillonaria ha comenzado a ‘besar el anillo’ de Trump, no sólo por afinidad ideológica, sino por un pragmatismo económico feroz”.
Esta alianza no es gratuita. Los líderes de las “Big Tech” buscan desregulación para el desarrollo de sus herramientas tecnológicas como la IA, beneficios fiscales y, sobre todo, la protección de sus monopolios.
En este esquema, el control de la información se convierte en una moneda de cambio para los gobiernos. La desinformación que favorece a las agendas populistas y autoritarias es tolerada —y a veces impulsada— a cambio de un entorno regulatorio laxo.
Trump, por su parte, ha integrado en su discurso un plan de inteligencia artificial que, según lo publicado por la misma Casa Blanca, busca eliminar restricciones, priorizando la dominancia tecnológica estadunidense sobre cualquier consideración ética o de seguridad informativa.
La relación entre el gobierno de Estados Unidos y las empresas tecnológicas como Google, Apple, Palantir, META, Amazon, Microsoft, Oracle, y otras más, va más allá de la retórica electoral: se sustenta en contratos millonarios.
Investigaciones de empresas como Read Sludge, utilizando datos de USAspending.gov, revelan cómo empresas de software y análisis de datos están profundamente vinculadas a agencias gubernamentales como el ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas). Esta simbiosis entre el complejo industrial-tecnológico y el aparato estatal fomenta un autoritarismo digital donde la vigilancia y el control de la narrativa son dos caras de la misma moneda.
Un ejemplo son las donaciones de empresarios como el cofundador y presidente de OpenAI, Greg Brockman, que no sólo hizo una donación corriente al principal super PAC pro-Trump, sino que juntos, él y su esposa Anna, en septiembre de 2025, dieron una que es la mayor de todas, totalizando 25 millones de dólares a MAGA Inc., según una presentación recientemente filtrada por medios en EU.
Las donaciones de los Brockman representaron casi una cuarta parte del ciclo de recaudación de fondos de seis meses. Es el último de una serie de ejemplos de ejecutivos de tecnología que se acurrucan con la administración del presidente Trump, sucediendo a medida que la administración presiona para respaldar agresivamente la industria de la IA y evitar las regulaciones a nivel estatal a las que empresas como OpenAI se han opuesto en gran medida.

Dependencia mutua
Cuando las empresas dependen de contratos gubernamentales masivos, su incentivo para actuar como guardianes de la verdad desaparece. “El resultado es un espacio cívico encogido”, como advierte la Fundación Carnegie para la Paz Internacional, donde el financiamiento digital y la legitimidad política se entrelazan de tal forma que las voces críticas y los hechos incómodos son sofocados por el ruido algorítmico financiado por el Estado o por grandes capitales.
La entrada de la inteligencia artificial generativa ha cambiado las reglas del juego. Si antes crear una campaña de desinformación requería un ejército de “trolls”, hoy basta con un modelo de lenguaje avanzado. Sin embargo, ¿por qué los desarrolladores de IA no hacen nada efectivo al respecto?
La respuesta es triple: competitividad, beneficio y filosofía de plataforma. En la carrera por la supremacía de la IA, establecer filtros éticos estrictos es visto por muchas empresas como un lastre que permite a sus competidores avanzar más rápido. Además, las redes sociales deben ser responsables del ‘fact-checking’, las empresas temen que asumir la responsabilidad editorial las convierta en sujetos de demandas legales masivas”, explica Steven Lee Myers, quien cubre información errónea y desinformación para The New York Times, luego de señalar que el que META y otras compañías tecnológicas hayan dejado a sus redes sociales sin verificadores de datos, ha conllevado a que el problema se intensifique en el último año.
El resultado es una pasividad calculada. Mientras META y otras plataformas vacilan en sus programas de verificación de hechos, la IA continúa produciendo deepfakes y textos sintéticos que hacen que distinguir lo real de lo artificial sea una tarea casi imposible para el ciudadano promedio”, comentó.
Libertad vs. verdad
Existe, no obstante, una corriente de pensamiento que advierte sobre los peligros de la “lucha contra la desinformación”.
David Inserra, investigador en Libertad de Expresión y Tecnología en el Cato Institute y autor del estudio El pánico engañoso ante la desinformación, y por qué las soluciones gubernamentales no funcionarán, señala que justamente los gobiernos usan estos métodos de malinformar y el pánico que se crea para justificar la censura y restringir la libertad de expresión.
Esta es la “delgada línea” a la que se refiere el King’s College London: ¿cómo protegemos la verdad sin otorgar al Estado o a las corporaciones el poder de decidir qué es verdad?
Este argumento es utilizado a menudo por las tecnológicas para lavarse las manos, pero también plantea un punto válido sobre los riesgos de un “Ministerio de la Verdad” orwelliano en manos de líderes con tendencias autoritarias.
Los estadunidenses en particular, pero muchos otros pobladores de distintas naciones, deberían renovar su creencia en la libertad de expresión como la herramienta más poderosa para descubrir la verdad, pero debatir temas difíciles y contrarrestar el discurso malo con el discurso bueno. Deben buscar la raíz de una información y verificar que lo que ven, escuchan y leen es verdadero”.
La crisis de la verdad no es sólo un problema tecnológico, es un síntoma de una crisis democrática profunda. La desinformación es la herramienta predilecta del nuevo autoritarismo, y la tecnología su multiplicador de fuerza.
Mientras las oligarquías de Silicon Valley sigan encontrando más rentabilidad en el caos informativo y en los contratos gubernamentales que en la integridad de la esfera pública, la posverdad seguirá siendo nuestro horizonte cotidiano. La batalla por la realidad ha comenzado, y su resultado definirá el futuro de nuestras libertades”, agrega Donald Earl Collins, profesor titular en la American University de Washington DC.
Contratos de poder
Desde el regreso de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, así han dado millonarias cantidades a empresas tecnológicas.

Palantir: Contratos públicos por casi 900 millones de dólares / Según registros de contrataciones federales, desde que Trump regresó a la Casa Blanca, Palantir ha firmado más de 100 contratos con una quincena de agencias del gobierno de EU, con compromisos que rondan los 900 millones de dólares. Estos incluyen software de análisis de datos destinado a defensa e inteligencia.

SpaceX: Contratos con la Fuerza Espacial por 5,900 millones de dólares / La firma de Elon Musk obtuvo un contrato con la Fuerza Espacial de EU por aproximadamente 5,900 millones de dólares para lanzamientos de cohetes Falcon 9 y Falcon Heavy entre 2025 y los próximos cinco años, además de servicios de comunicaciones satelitales (Starlink) para fuerzas armadas e inteligencia.

Contratos de tecnología e IA del Pentágono (200 millones de dólares)/ El Departamento de Defensa adjudicó contratos por 200 millones de dólares para IA a empresas como Google, XAI, Anthropic y OpenAI, con la intención de integrar modelos de inteligencia artificial en sistemas de defensa y seguridad. La firma de IA de Elon Musk puso Grok for Government “disponible para su compra a través del cronograma de la Administración de Servicios Generales (GSA)”, lo que permite su uso por cualquier agencia u oficina federal.

Contratos aeroespaciales y tecnológicos en construcción / El gobierno de Trump también ha otorgado contratos iniciales a compañías como Northrop Grumman y otras del sector aeroespacial y tecnológico dentro de proyectos para la Fuerza Espacial y sistemas asociados (por ejemplo, construcción del Golden Dome).
Asociaciones público-privadas y programas relacionados

Iniciativa U.S. Tech Force / La administración lanzó en diciembre de 2025 el programa United States Tech Force, para reclutar a más de mil especialistas en tecnología que trabajen con agencias federales y colaboren con empresas como Amazon Web Services, Apple, Google, Microsoft, Nvidia, OpenAI, Oracle, Palantir y Salesforce, entre otras.

Impulso a infraestructura de IA / El gobierno firmó un acuerdo con líderes de la industria, incluidos OpenAI, Oracle y SoftBank, para crear una gran empresa conjunta destinada a financiar infraestructura de IA con inversiones iniciales de decenas de miles de millones de dólares.

Contexto de política de contratación / El gobierno emitió un plan de acción para IA y varias órdenes ejecutivas que promueven la adopción de inteligencia artificial en agencias federales, creando más oportunidades contractuales con empresas tecnológicas.
Fuentes: Administración de Servicios Generales de los Estados Unidos (GSA: https://www.gsa.gov/);Oficina Principal de Inteligencia Artificial y Digital del Gobierno de EU; Departamento de Defensa de EU.
Soluciones
A pesar del panorama sombrío, especialistas de diversas instituciones proponen soluciones estructurales para navegar en la era de la posverdad:

Alfabetización Mediática y Digital / Según los expertos citados por The New York Times Learning, la solución a largo plazo no es sólo el filtrado de contenidos, sino educar a la población para que sea escéptica y capaz de verificar fuentes. La educación es la única defensa contra la manipulación emocional del algoritmo.

Transparencia Algorítmica / Organizaciones como Carnegie Endowment sugieren que las empresas deben abrir sus “cajas negras” de IA. No se trata de censura, sino de entender por qué una mentira se vuelve viral y cómo el diseño de la plataforma incentiva la polarización.

Responsabilidad Legal Proporcional / Existe un consenso creciente de que las plataformas no pueden seguir gozando de inmunidad total sobre el contenido que promocionan activamente mediante sus algoritmos de recomendación. Si el algoritmo “elige” mostrar una falsedad, la plataforma debe asumir una responsabilidad compartida.

Fortalecimiento del periodismo independiente / Para combatir la posverdad, es vital desvincular el financiamiento de los medios de las agendas de las grandes tecnológicas y el Estado, garantizando un espacio cívico donde la investigación no dependa del beneplácito del poder de turno.
*mcam
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