Terroristas
La cooperación en materia de seguridad, crucial para combatir el tráfico de drogas y el contrabando de migrantes, podría verse seriamente comprometida.

Yuriria Sierra
Nudo gordiano
La reciente designación de ocho organizaciones criminales latinoamericanas, incluidos varios cárteles mexicanos, como “organizaciones terroristas extranjeras” por parte del gobierno de Donald Trump ha desatado una tormenta geopolítica con graves implicaciones para México y la relación bilateral con Estados Unidos.
Esta medida, que implementa una orden ejecutiva firmada por Trump el 20 de enero, no sólo intensifica la presión sobre los cárteles que operan en Estados Unidos, sino que también abre la puerta a acciones sin precedentes en la lucha contra el narcotráfico.
Como si la situación no fuera ya lo suficientemente tensa, Elon Musk, el multimillonario miembro del gabinete de Trump, arrojó gasolina al fuego con un polémico post en X: “Eso significa que son elegibles para ataques con drones”. Esta declaración, aunque carente de fundamento legal, ha generado temores de una posible intervención militar estadunidense en territorio mexicano.
El gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum se enfrenta ahora a un delicado equilibrio diplomático. Por un lado, debe mantener la soberanía nacional y rechazar cualquier injerencia extranjera. Por otro, necesita abordar la creciente violencia del narcotráfico que ha llevado a los cárteles a controlar, según estimaciones, hasta 30% del territorio mexicano.
La designación terrorista podría tener consecuencias económicas devastadoras para México. Las empresas estadunidenses podrían verse obligadas a cortar lazos con compañías mexicanas por temor a sanciones, afectando sectores clave como la minería, la manufactura, la agricultura y el turismo.
Esta movida de Trump, junto con las otras (como la amenaza de aranceles y las deportaciones masivas), sumando a la retirada de asistencia extranjera de USAID y el Departamento de Estado, abren la puerta para un posible enfrentamiento entre Trump y Sheinbaum. La cooperación en materia de seguridad, crucial para combatir el tráfico de drogas y el contrabando de migrantes, podría verse seriamente comprometida.
Cabe preguntarse si esta designación realmente ayudará a combatir a los cárteles. Aunque permite congelar activos y restringir el movimiento de sus miembros, los críticos argumentan que podría ser contraproducente. Los cárteles, a diferencia de grupos como ISIS o Al Qaeda, no buscan objetivos políticos, sino económicos. Tratarlos como terroristas podría diluir el significado de lo que realmente constituye una organización terrorista extranjera.
Mientras México rechaza cualquier intervención extranjera, con Sheinbaum declarando que no tiene “miedo” de una invasión estadunidense, la incertidumbre se cierne sobre el futuro de la relación bilateral. La lucha contra el narcotráfico requiere cooperación, no confrontación. Sin embargo, con esta nueva declaratoria, el escenario está listo para una era de tensiones sin precedentes entre dos naciones cuyo destino está irremediablemente entrelazado.
En este juego de ajedrez geopolítico, sólo el tiempo dirá si la estrategia de mano dura de Trump logrará debilitar a los cárteles o si, por el contrario, abrirá una caja de Pandora de consecuencias imprevistas para ambos lados de la frontera.