Sin sombra naranja

La participación de Claudia Sheinbaum en la Cumbre del G7, en Canadá, ha sido muy relevante para la agenda del país, y es que, paradójicamente y tal como lo señalamos ayer, la ausencia de Donald Trump terminó jugando a favor de la Presidenta mexicana. Lo que pudo ...

La participación de Claudia Sheinbaum en la Cumbre del G7, en Canadá, ha sido muy relevante para la agenda del país, y es que, paradójicamente (y tal como lo señalamos ayer), la ausencia de Donald Trump terminó jugando a favor de la Presidenta mexicana. Lo que pudo haber sido un encuentro tenso con el mandatario estadunidense se transformó en una agenda proactiva, repleta de reuniones bilaterales y acuerdos estratégicos con líderes globales.

Durante la cumbre, Sheinbaum sostuvo encuentros bilaterales y multilaterales. Se reunió con Mark Carney, primer ministro de Canadá, con quien dialogó sobre el fortalecimiento de la cooperación económica, ambiental y tecnológica, además de explorar nuevas inversiones y proyectos conjuntos. Con Narendra Modi, primer ministro de India, coincidió en impulsar inversiones para el desarrollo científico y tecnológico, así como en agricultura, semiconductores, minerales críticos y salud. Del continente asiático se encontró con el presidente de Corea del Sur. Igualmente, conversó con Friedrich Merz, canciller de Alemania, abordando temas de innovación, comercio y transición energética. Participó en una reunión trilateral con el Consejo Europeo y la Comisión Europea para reforzar la cooperación y el diálogo político con la Unión Europea. Además, intercambió saludos y perspectivas con Luiz Inácio Lula da Silva, presidente de Brasil, y Volodímir Zelenski, presidente de Ucrania, consolidando la presencia de México como actor relevante en la escena internacional.

Entre los principales resultados de la agenda de Sheinbaum destacan el impulso a inversiones en ciencia y tecnología con India y Canadá, orientadas a fortalecer la competitividad mexicana en sectores clave; acuerdos para cooperación ambiental y energética con Canadá y Alemania, buscando avanzar en la transición hacia energías limpias y la innovación industrial; y la reafirmación del compromiso de México con la paz y la cooperación internacional, posicionando al país como promotor del diálogo y la estabilidad global.

Aunque la esperada reunión bilateral con Donald Trump fue pospuesta por la salida de emergencia del mandatario estadunidense debido a la crisis en Oriente Medio, Sheinbaum sostuvo una llamada telefónica con él. En la conversación, ambos coincidieron en trabajar juntos para alcanzar acuerdos en temas de interés común.

La salida anticipada de Trump, lejos de ser un revés, permitió a Sheinbaum enfocarse en fortalecer alianzas con otros socios estratégicos y proyectar a México como un actor autónomo y propositivo. Sin la presión de una reunión bilateral marcada por tensiones, la Presidenta mexicana pudo avanzar en acuerdos concretos y consolidar su liderazgo en el escenario internacional. La participación de Claudia Sheinbaum en el G7 demostró que, incluso ante la volatilidad geopolítica, México puede aprovechar las coyunturas para fortalecer su posición global. La ausencia de Trump fue, tal como anticipamos, una buena noticia: abrió espacio para alianzas, inversiones y una agenda propia que refuerza el papel de México como socio confiable y promotor de la paz en el mundo.

ADDENDUM

Lo peor que puede hacer un político no es equivocarse —eso, a estas alturas, es casi inherente al cargo—, sino negarse a asumir su responsabilidad cuando hay evidencia clara. El senador Cuauhtémoc Ochoa optó por desconocer, atacar y desviar la conversación, en lugar de actuar con altura y reconocer que su equipo fue informado desde mayo sobre la cuota de recuperación necesaria para realizar un foro de inteligencia artificial. Una cuota que no era caprichosa, sino resultado de una decisión responsable: cambiar la sede del evento implicaba un aumento considerable en los costos, que, de no cubrirse, se trasladaría a las asistentes, mujeres empresarias y emprendedoras, quienes tendrían que pagar más por participar en un espacio diseñado justamente para impulsarlas. En lugar de respaldar un esfuerzo legítimo y transparente, decidió mancharlo. Qué contradicción: desde el Senado, donde deberían impulsarse estos espacios de innovación, se optó por la omisión, primero, y por la descalificación, después. Lo responsable hubiera sido respaldar y construir. Pero parece que para algunos es más cómodo hacer política a costa de quienes sí están trabajando. Y, hoy, esa omisión —la suya— será un costo que, con compromiso y dignidad, asumirán las organizadoras.

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