Silencio en el patio
• Pareciera que la economía también se ha contagiado de coronavirus. Los efectos de la enfermedad en esta materia se han sentido en todo el mundo.

Yuriria Sierra
Nudo gordiano
Más de dos mil 439 contagios y 125 muertos por COVID-19 en México. El saldo al último corte, informado ayer a las siete de la noche. Momentos antes, al salir de Palacio Nacional, empresarios afirmaron haber tenido una “buena reunión" con el presidente López Obrador. Un nuevo encuentro, ahora de tres horas, un día después de que el mandatario anunció su plan para reactivar la economía una vez pasado “lo peor" de la pandemia. Al mismo tiempo en que dentro del recinto se tenía un “buen diálogo" con representantes de la iniciativa privada, como describieron algunos asistentes, meseros se manifestaron por tercer día consecutivo en la calle Corregidora en protesta por la falta de apoyos a su sector ante al cierre de restaurantes, que acaso sólo dan servicio para llevar. A unas cuadras de ahí, comerciantes de Tepito bloquearon Eje Central y sus alrededores, afirman que elementos de la Policía capitalina les advirtieron por la mañana que quitarían sus puestos de la calle y, si insistían en vender, les sería decomisada su mercancía. Tres momentos distintos en el primer cuadro de la CDMX que dice tanto, o todo, del momento en que se encuentra nuestro país.
Pareciera que la economía también se ha contagiado de coronavirus. Los efectos de la enfermedad en esta materia se han sentido en todo el mundo. El planeta entero se hace mil preguntas y todas, aún, están sin respuesta. Cómo cambiará el rumbo, las prioridades, la configuración política y social después de este momento. Todo eso lo dirá el tiempo. La respuesta que sí nos da viene justo de los líderes a quienes les ha tocado enfrentar a este enemigo que ha confinado a la mitad de la población del globo.
Y en esas reacciones hemos visto de todo. Los hemos contado aquí. Desde los mensajes de Estado, como el de Angela Merkel previo a su aislamiento por haber estado expuesta al virus, hasta las contradicciones de mandatarios como Donald Trump y Jair Bolsonaro. Y al tiempo en que hemos visto esas posturas, hemos estado aquí, a la espera de la que más nos involucra, la del Presidente de México. Y lo vimos contradecir a sus funcionarios de salud; lo escuchamos llamando a salir a las calles, a abrazarnos cuando el mundo comenzaba a detenerse. Y también anunciando que la suya sería la respuesta que no sólo nos salvaría de los más graves efectos de la pandemia, sino que, además, nos haría justicia. Una respuesta como nunca antes, negada a un pueblo por sus malos y corruptos gobernantes previos. Después de varias semanas de esquivar a la opinión pública y a la crítica dentro y fuera del país, el Presidente anunció por fin aquel camino que nos salvaría y que lo colocaría a él como el gran transformador. Una crisis como ésta, le cayó como anillo al dedo, expresó días antes. Y el momento llegó.
Un discurso de más de 50 minutos. Acompañado apenas por el eco generado en un patio vacío. Un templete donde se avisaba que ése era el informe de gobierno anunciado meses antes, mucho antes de que el mundo pusiera pausa. Ni una pandemia provoca cambios en su agenda. Y un plan económico en el que no se dio acuse de recibo a las propuestas ni recomendaciones de los sectores económicos, aquellos con los que sí se reúne en Palacio Nacional, y esos otros que protestan afuera del recinto. Nada. Sólo una retahíla de deseos, de promesas. Muchos qués, pero ni un solo cómo.
Días de espera que toparon con pared. La oportunidad para convertirse en ese transformador del rumbo del país, se perdió en ese patio donde al Presidente sólo lo acompañó el silencio.