Cuervo

Por Guillermo Fajardo*

La vida de Edgar Allan Poe podría sintetizarse en tres momentos: la muerte de su madre y el abandono de su padre; la incesante búsqueda por condiciones materiales que se le parecieran a la erección de un hogar y la muerte de Virginia, su esposa. Estos tres eventos, por distintas vías, condicionaron su literatura: la reencarnación en vida a través de la muerte o la muerte como la lenta condición de la existencia (en cuentos como El dominio de Arnheim, Pérdida de aliento, Berenice, Morella, Ligeia, El tonel de amontillado); el raciocinio del detective como modelo experiencial para develar las sombras de lo ignoto (Los crímenes de la calle Morgue, El misterio de Marie Rogêt, La carta robada); la poesía como arcano revelado para entender las pérdidas desde un más allá activo (El cuervo, Ulalume, Eureka). 

Nacido en Boston en 1809, hijo de actores —de la talentosa Eliza Poe y del inestable David Poe— la vida de Edgar empieza en tragedia cuando su madre muere meses después del abandono de su padre. A pesar de haber asistido a la Universidad de Virginia y de haber tenido en su padrastro —un empresario escocés de nombre John Allan— a un posible benefactor que nunca lo adoptó legalmente, la vida de Poe fue un ir y venir de pobreza, oportunidades desperdiciadas, periodos de ingesta alcohólica y rencores literarios. Su asombrosa imaginación lo catapultó entre sus contemporáneos como uno de los escritores más originales y afamados de la época: incluso el poeta Charles Baudelaire se contó entre sus admiradores. Poe escribió en un momento histórico en donde EU buscaban entre sus escritores una veta literaria autónoma. 

Poe, su fiel esposa Virginia y su infatigable y generosa suegra, María Clemm, siempre malvivieron: los ingresos por su escritura fueron escasísimos, las revistas en las que escribía, a pesar del incremento de circulación, nacían y morían rápidamente. El temperamento de Poe fluía entre la euforia creativa y largos periodos de esterilidad, acompañados por una doble melancolía existencial: la salud de Virginia y la urgencia por su literatura. 

Aquí aparece la otra zona de su vida que descastó a Poe y le costó gran parte de su prestigio: la guerrilla literaria. Sus críticas al trabajo de otros escritores fueron, cuando menos, desmesuradas. Aquellas reseñas se volvieron famosas por el veneno de su pluma, especialmente la gran guerra contra el famoso poeta Henry Wadsworth Longfellow. Un gran número de escritores sufrieron de sus ataques en la prensa. Su fama, sin embargo, llevó sus cuentos a Inglaterra, Francia y Rusia. Su punto álgido fue la publicación de su poema El cuervo, aparecido en el periódico Evening Mirror, el 29 de enero de 1845, creó una sensación inmediata. En el poema, un estudiante, destrozado por la muerte de su amada, es visitado por un cuervo que se rehúsa a partir. Lo único que el ave dice es la frase “nunca más”. La imagen sugiere una maldición tenaz, acaso eterna. La muerte yace bajo su plumaje sonámbulo.

Después de la muerte de Virginia, Poe ya no estaba bien. En noviembre de 1848 visita Providence, donde había iniciado correspondencia con Sarah Helen Whitman, poetisa a la que Poe amaba. Ella estaba indecisa: vivía con su madre y Poe era un hato de nervios, deudas y enemigos. Ahí, Poe compra dos onzas de láudano e ingiere la mitad. La dosis pudo haber sido fatal, pero vomitó parte de ella. Después de renunciar a Helen, Poe se tomó aquel daguerrotipo por el que ahora lo conocemos: la mirada en lontananza, una nostalgia cercana tocada por la muerte. 

Para abril de 1849, Poe estaba sumamente deprimido. “Mi vida parece desperdiciada”, escribió. En busca de suscriptores para una nueva revista, Poe llega a Filadelfia, donde es arrestado por ebriedad. Sufre de terribles visiones. Después, viaja a Richmond, donde reestablece contacto con un viejo amor: Elmira Shelton. Decide regresar a Nueva York para mudarse con Shelton y traer a su suegra con él. Poe parte el 27 de septiembre rumbo a Baltimore, pero nunca llega a su destino. El 3 de octubre se le ve en una taberna, “seminconsciente”. No existe certeza de lo que le sucedió durante aquella semana. Muere en el hospital el 8 de octubre de 1849. 

Y desde aquella inmortal fecha, su literatura —como el cuervo intruso de su poema— se ha negado a dejar nuestros aposentos.

*Escritor 

X: @GJFajardoS