Hay renuncias que explican más de lo que parecen. La de Citlalli Hernández a la Secretaría de las Mujeres —anunciada esta mañana por la presidenta Claudia Sheinbaum, quien admitió que “casi se fue de espaldas” cuando su secretaria le presentó el sobre— no es una salida: es una reubicación táctica en el tablero más importante que tiene Morena en el horizonte inmediato. No se va porque algo salió mal. Se va porque algo tiene que salir bien.
En 2015, con 25 años, Citlalli se convirtió en la diputada local más joven del entonces Distrito XIV de Iztacalco. En 2018 llegó al Senado siendo la legisladora de elección directa más joven de su generación, y en 2024 fue reelecta para presidir la Comisión de Estudios Legislativos, desde donde condujo la discusión y aprobación de la Reforma Judicial.
En la Secretaría de las Mujeres, distribuyó 25 millones de cartillas de derechos, trabajó con colectivos y víctimas, y llevó la Red de Tejedoras de la Patria a más de 500 centros en el país. Sheinbaum la describió como “excepcional, brillante, honesta y trabajadora”. En el lenguaje presidencial, eso equivale a un diez con mención honorífica.
Los hilos, sin embargo, están bajo tensión. El PVEM acaba de anunciar que irá solo en las elecciones de 2027 en la Ciudad de México y en San Luis Potosí, encendiendo alertas dentro del bloque oficialista de cara a una jornada en que se renuevan 17 gubernaturas y la Cámara de Diputados completa.
Manuel Velasco argumentó que en las dos últimas elecciones el Verde aportó más de medio millón de votos a la coalición y exigió reciprocidad. La lógica es de mercado, y en política electoral el mercado de los votos no perdona descuentos mal negociados.
Es ahí donde entra Citlalli. Luisa María Alcalde la llamó por su experiencia en la articulación de acuerdos, y horas después de conocerse la renuncia confirmó que Hernández fue designada presidenta de la Comisión Nacional de Elecciones de Morena.
En 2024 ya había coordinado el proceso de alianzas que le dio a la coalición el resultado que todos conocemos. El partido sabe lo que tiene. Y decidió ponerlo donde más se necesita.
La pregunta que flota es si detrás del movimiento hay una candidatura propia. Sheinbaum fue enfática: Hernández no se va por aspiraciones electorales, y quien quiera participar en las encuestas de Morena tendrá que renunciar previamente al gobierno.
Lo que nadie puede impedirle a Citlalli, sin embargo, es que la Comisión Nacional de Elecciones —desde donde se diseñan procesos, se validan candidaturas y se negocian coaliciones— sea también el lugar desde donde se construye una figura política de largo aliento.
En Morena, los puestos orgánicos siempre han sido de doble filo: limitan y proyectan al mismo tiempo. Citlalli lo sabe. Regresa al partido no como quien baja el perfil, sino como quien entiende que las guerras de 2027 no se ganan en los titulares de hoy, sino en las mesas de negociación que nadie ve.
Se va de la Secretaría de las Mujeres. Pero no se va a ningún lado.
