¿Quién es —en realidad— Diosdado?

Yuriria Sierra

Yuriria Sierra

Nudo gordiano

Ayer por la madrugada, mientras Caracas dormía, el empresario colombo-venezolano Alex Saab fue detenido en Venezuela en el marco de un operativo conjunto entre el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN) y el FBI. Con él cayó Raúl Gorrín, dueño de Globovisión. Ambos son piezas clave del entramado financiero chavista: Saab, el testaferro de los CLAP; Gorrín, acusado de pagar 159 millones en sobornos.

El detalle que no es menor: la captura se logró con la cooperación de Delcy Rodríguez y fue ejecutada por el SEBIN, que reporta al Ministerio del Interior. Ministro: Diosdado Cabello, con 25 millones de dólares de recompensa sobre su cabeza, acusado de dirigir rutas de narcotráfico, y que lleva casi un año negociando en secreto con Donald Trump.

Lo inquietante de Cabello no es sólo que sea el cerebro operativo del Cártel de los Soles. Es su extraordinaria capacidad de supervivencia: estar siempre del lado correcto del cuchillo, nunca debajo. Cuando EU lanzó la Operación Resolución Absoluta el 3 de enero y sacó a Nicolás Maduro de su cama, la pregunta quedó flotando: ¿por qué Cabello, el segundo nombre en la acusación del Departamento de Justicia, no fue tocado? Porque llevaba casi un año negociando con Trump. Ahora vemos los frutos: Cabello entrega peones para ser el rey.

Teniente en el golpe del 92 junto a Hugo Chávez, Cabello demostró desde entonces su genio: saber cuándo bajar la cabeza y cuándo levantarla. Ha ocupado casi todos los espacios de poder sin disputar nunca el liderazgo máximo: gobernador, presidente de la Asamblea, ministro del Interior. Su verdadero dominio está en los aparatos paralelos: colectivos armados, SEBIN, Contrainteligencia Militar. Y ahora controla quién cae y quién no.

Según Reuters, funcionarios de Trump estuvieron en contacto con Cabello desde enero de 2025. Cabello estuvo meses dialogando con la Casa Blanca. Mientras Maduro daba discursos contra el imperialismo, su “leal” número dos negociaba con el enemigo. El 3 de enero, Cabello despertó tranquilo. Cabello figura en la misma acusación de narcotráfico que la administración Trump utilizó para arrestar a Maduro, pero no fue capturado. Trump lo necesita más de lo que le molesta. EU prefiere al diablo que controla las calles antes que el caos.

Su cinismo es ejemplar. En diciembre amenazaba: “Ni una gota ni media gota” de petróleo. El 9 de enero dijo lo contrario: “Si están dispuestos a comprar nuestro petróleo, nosotros se lo vendemos”. Sin pudor.

Entre 2022 y 2024, Diosdado Cabello realizó viajes regulares a pistas clandestinas controladas por el ELN en la frontera entre Colombia y Venezuela, según el Departamento de Justicia. El Cártel de los Soles es una serie de células desconectadas integradas en el ejército venezolano, donde el narcotráfico financia lealtades. Cabello lo niega: “El Cártel de los Soles nunca ha existido”. Pero sabe que en política, como en el narcotráfico, la verdad es negociable.

Hoy, con Maduro preso y Delcy como presidenta encargada, Cabello es el hombre más poderoso de Venezuela. No tiene el título, pero controla los colectivos y servicios de inteligencia. El exembajador Story advirtió que “cualquier intento de reforma depende del aval de Cabello”. Si él decide entregar a alguien a EU, lo entrega. Pregúntenle a Saab, que pasó de ministro a detenido por el SEBIN en cuatro meses.

Entonces, ¿quién es Diosdado Cabello? ¿El leal chavista que pregona “¡Dudar es traición!” o el pragmático que negociaba con EU? Ambas. Él representa la ausencia total de ideología en el poder. El chavismo es decorado intercambiable para un hombre cuyo principio es la supervivencia.

Chávez murió. Maduro está preso. Saab y Gorrín amanecieron esposados. Y Cabello, con 25 millones sobre su cabeza, sigue libre en Caracas, entregando a sus antiguos aliados a los gringos. Si esto es traición, es el traidor más exitoso de América Latina. Si es supervivencia, es un maestro sin escrúpulos. El resultado: mientras otros caen, Diosdado permanece.

Esta madrugada, mientras Saab era esposado por el SEBIN que debería protegerlo, probablemente entendió lo que Maduro ya sabe desde Brooklyn: en el mundo de Diosdado Cabello no existen aliados. Sólo los que todavía le sirven y los que ya no. Pregunta del día: ¿cuánto tiempo le queda de útil a Delcy Rodríguez?