Presidenta. Día uno
Un acto sin precedentes. Claudia Sheinbaum, mujer de ciencia convertida en política, cruzará el umbral del Palacio Nacional no sólo como la nueva inquilina, sino como la primera mujer en hacerlo en calidad de Presidenta. El “Día uno” de su mandato es más que una ...
Un acto sin precedentes. Claudia Sheinbaum, mujer de ciencia convertida en política, cruzará el umbral del Palacio Nacional no sólo como la nueva inquilina, sino como la primera mujer en hacerlo en calidad de Presidenta. El “Día uno” de su mandato es más que una fecha en el calendario; es un hito que reverbera en el tiempo, desde los ecos de la Revolución hasta los sueños de las niñas que hoy vislumbran un futuro sin techos de cristal.
La toma de protesta, ritual republicano tan antiguo como la nación misma, adquiere hoy nuevos matices. La banda presidencial, ese lienzo tricolor que ha cruzado pechos masculinos durante dos siglos, se adapta por primera vez a la silueta femenina. ¿Acaso no es ésta una metáfora perfecta de cómo las instituciones deben amoldarse a nuevas realidades, en lugar de esperar que sean las personas quienes se contorsionen para encajar en moldes obsoletos?
Sheinbaum llega al poder en un México de claroscuros. Por un lado, una nación vibrante, rica en cultura y biodiversidad, con buenos indicadores macroeconómicos y una notable reducción de la pobreza; por otro, un país que lucha contra la violencia endémica y la desigualdad obstinada. Su ascenso es tanto un logro personal como un triunfo colectivo, fruto de décadas de lucha por la igualdad de género. Sin embargo, la novedad de su género no debe eclipsar la magnitud de los desafíos que enfrenta.
En este “Día uno”, el Zócalo se convierte en un caleidoscopio humano. Están los que ven en Sheinbaum la continuidad de un proyecto de transformación; los que esperan un giro pragmático en las políticas nacionales; los escépticos que temen más de lo mismo; y los optimistas que ven en su Presidencia la oportunidad de reconciliar a un México fracturado. Todos unidos, paradójicamente, en su diversidad de expectativas.
La nueva Presidenta hereda un país con sus contradicciones: una potencia económica emergente que aún no logra erradicar la pobreza extrema; un gigante energético atrapado entre la dependencia de los combustibles fósiles y la urgencia de la transición verde; una nación orgullosa de su pasado que debate ferozmente sobre cómo construir su futuro.
El simbolismo de este día trasciende las fronteras nacionales. En un mundo donde el liderazgo femenino sigue siendo la excepción y no la norma, México se une al selecto club de naciones que han confiado su timón a una mujer. Es un recordatorio de que el progreso, aunque lento, es inexorable cuando se empuja con determinación.
En este día inaugural, México se mira al espejo y ve un reflejo cambiante. Ve a una mujer de ciencia al frente de un país que necesita desesperadamente soluciones basadas en evidencia. Ve la promesa de un liderazgo que podría combinar la empatía con el rigor analítico. Ve la posibilidad de que, quizás, el género del líder importe menos que la calidad de su liderazgo.
Mientras el sol se pone en este histórico “Día uno”, Claudia Sheinbaum se prepara para su primera noche en Palacio Nacional. Afuera, México sigue su curso: bullicioso, complejo, desafiante. El país no se detiene para contemplar hitos históricos. Mañana será el “Día dos”, y con él, comenzará el verdadero trabajo de gobernar. Porque en la democracia, como en la vida, los símbolos inspiran, pero son las acciones las que transforman.
Por lo pronto, poderosa primera decisión: Claudia Sheinbaum irá a ese estado que, desde Otis, grita por ayuda y en el cual ahora John pasó y regresó para recordar, con fiereza, que hay imponderables en los que la presencia, la voz y la convicción presidencial son insustituibles.
Y así, en este giro del caleidoscopio político mexicano, una nueva figura toma forma. El tiempo dirá si es el principio de una era de cambio profundo o simplemente otro capítulo en la larga y compleja narrativa de México. Por ahora, en este “Día uno”, el país se permite un momento de reflexión, celebración y ¿por qué no?, de esperanza renovada.
El futuro llegó, y trae tiempo de mujeres.
