Oda a mí mismo

No; para nada hablo del hermoso, célebre y potentísimo poema de Walt Whitman. Hablo del tono grandilocuente y casi megalómano del discurso pronunciado ayer por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Y en realidad de todo lo que ha sido el arranque de su segundo ...

Yuriria Sierra

Yuriria Sierra

Nudo gordiano

No; para nada hablo del hermoso, célebre y potentísimo poema de Walt Whitman. Hablo del tono grandilocuente (y casi megalómano) del discurso pronunciado ayer por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Y en realidad de todo lo que ha sido el arranque de su segundo mandato.

Anoche, su discurso ante el Congreso fue un despliegue de autoalabanza y retórica divisiva. Lejos quedó el tono conciliador de sus primeros años, reemplazado por una narrativa de “nosotros contra ellos” que pinta a los demócratas como enemigos de la nación. Trump se presentó a sí mismo como el único salvador capaz de resolver los problemas del país, menospreciando los logros de administraciones anteriores y exagerando sus propios éxitos.

Quizás el episodio más alarmante de estas primeras semanas fue la humillación pública al presidente ucraniano Volodímir Zelenski en la Casa Blanca. Trump y su vicepresidente JD Vance sometieron a Zelenski a un trato denigrante, exigiéndole aceptar un acuerdo de paz en los términos dictados por EU. Este incidente no sólo socava la posición de Ucrania frente a Rusia, sino que envía un mensaje claro sobre el desprecio de Trump hacia la diplomacia tradicional.

En un movimiento que ha sacudido los mercados, Trump impuso aranceles del 25% a las importaciones de México y Canadá. Esta decisión unilateral amenaza con desencadenar una recesión en ambos países y tensionar aún más las relaciones con los vecinos norteamericanos. La justificación oficial, basada en supuestos problemas de seguridad fronteriza, parece ser más un pretexto para implementar su visión proteccionista.

Trump ha intensificado su retórica antieuropea, describiendo a la Unión Europea como una entidad creada para “perjudicar a Estados Unidos”. Esta postura ha generado temor entre los aliados europeos, que ven cómo décadas de cooperación transatlántica se desmoronan ante la hostilidad de la Casa Blanca. Mientras Trump antagoniza con aliados tradicionales, su alineación con Vladimir Putin se hace cada vez más evidente. La “putinización” de la política estadunidense, como la describe el excampeón de ajedrez Garry Kasparov, se manifiesta en tácticas de desinformación, polarización y culto a la personalidad que recuerdan al régimen ruso.

Frente a este panorama turbulento, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, ha optado por una estrategia de contención y respuesta medida. Sheinbaum ha anunciado que México impondrá sus propias medidas arancelarias en represalia, pero ha elegido hacerlo de manera calculada y pública.

La mandataria mexicana ha subrayado la falta de justificación para los aranceles estadunidenses y ha enfatizado los esfuerzos de México en la lucha contra el narcotráfico. Su enfoque busca equilibrar la defensa de los intereses nacionales con la necesidad de mantener canales de diálogo abiertos.

Sheinbaum ha convocado a una asamblea informativa en el Zócalo de la Ciudad de México para el próximo domingo, donde anunciará la respuesta arancelaria del país. Esta movida estratégica no sólo busca informar a la población, sino también demostrar unidad nacional frente a la presión externa. Hoy más que nunca será profundamente relevante que todos los actores políticos, sociales, empresariales, culturales, mediáticos, productivos, estemos unidos ante la amenaza permanente que representa la imprevisibilidad del personaje que preside al país que no sólo era nuestro vecino y socio más relevante, sino un faro para la democracia y la construcción institucional del mundo. Hoy, la tormenta del mismo. 

La Presidenta ha sido enfática en señalar que “nadie gana” con esta guerra comercial, apelando a la razón y destacando los daños que estas medidas causarán tanto a mexicanos como a estadunidenses. Su enfoque, más diplomático y mesurado que el de Trump, podría resultar más efectivo a largo plazo para navegar estas turbulentas aguas geopolíticas.

En conclusión, el inicio del segundo mandato de Trump está marcado por una política exterior agresiva y unilateral que amenaza con desestabilizar alianzas históricas y el orden económico global. Frente a esto, líderes como Sheinbaum demuestran que aún hay espacio para la diplomacia y el diálogo, incluso en los momentos más tensos de las relaciones internacionales. Esa “oda a mí mismo” terminará trayendo de vuelta ante el espejo esa tormenta a la que está sometiendo al mundo. Y, para él y su pueblo, puede terminar en tempestad.

Temas: