México y Claudia: el oasis

Tras la llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, se desató el tsunami de medidas antiliberales que dejan claro, desde el minuto uno, el tipo de cuatrienio que piensa encabezar. En el tablero geopolítico norteamericano, quedará tan sólo como una figura ...

Tras la llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, se desató el tsunami de medidas antiliberales que dejan claro, desde el minuto uno, el tipo de cuatrienio que piensa encabezar. En el tablero geopolítico norteamericano, quedará tan sólo como una figura la esperanza del progresismo: Claudia Sheinbaum, la primera mujer presidenta de México y de América del Norte. Su llegada al poder coincide con un momento crucial en la historia del continente, marcado por el retorno de Trump a la Casa Blanca y la ausencia de Justin Trudeau en el escenario político canadiense. Esta configuración única convertirá a México en el inesperado refugio del pensamiento liberal, en la potencial trinchera humanista en la región.

El contraste no podría ser más dramático. Mientras Trump promete convertir la frontera en una zona militarizada y amenaza con políticas que evocan los capítulos más oscuros del siglo XX, Sheinbaum representa la confluencia del pensamiento científico con el humanismo progresista. Su formación como científica, combinada con su visión de izquierda moderna, ofrece un contrapeso racional y necesario al populismo nacionalista que resurge en EU.

Lo que hace particularmente significativa esta coyuntura es que México, visto como el socio menor en la relación trilateral norteamericana, emerge como el último bastión de valores que alguna vez se consideraron incuestionablemente “estadunidenses”: la apertura, la diversidad, el multilateralismo, la defensa de los derechos humanos y el compromiso con la lucha contra el cambio climático. El compromiso de Claudia con políticas progresistas y su perspectiva científica sobre problemas como el cambio climático contrastan con el negacionismo y el retroceso social que Trump simboliza. Para muchos estadunidenses liberales, México bajo el liderazgo de Sheinbaum, podría convertirse en algo más que un vecino: un faro de esperanza y un recordatorio de que existe una alternativa al conservadurismo recargado.

La ironía histórica es palpable. El país que Trump ha demonizado podría convertirse en el refugio ideológico, en el país intelectualmente deseable para aquellos estadunidenses (que son millones) que ven con horror el giro ideológico de su nación. México, bajo el liderazgo de una mujer científica y progresista, tiene la oportunidad de demostrar que es posible combinar el desarrollo económico con la justicia social, el pragmatismo económico con la inclusión, la justicia con la equidad, la sostenibilidad ambiental con el crecimiento industrial, y la soberanía nacional con la cooperación internacional. Sin embargo, el verdadero desafío no será existir como contrapeso ideológico, sino demostrar que el progresismo puede ofrecer resultados tangibles.

En un momento en que las voces liberales parecen estar en retirada en gran parte del mundo occidental, México y Claudia tienen la oportunidad histórica de convertirse en un laboratorio de políticas progresistas exitosas. Para los millones de estadunidenses que se sienten huérfanos políticos en su propio país, la presidencia de Sheinbaum podría representar más que una curiosidad política: podría ser una prueba viviente de que existe una alternativa viable al discurso nacionalista y violento que Trump enarbola.

La tarea es monumental, pero el momento histórico la hace inevitable. México, bajo el liderazgo de Sheinbaum, no sólo tiene la oportunidad de redefinir su papel en Norteamérica, sino, además, convertirse en un referente global para los movimientos no sólo progresistas, sino también mínimamente humanistas en todo el espectro internacional.

En un mundo donde el péndulo político parece oscilar inexorablemente hacia la derecha, México puede emerger como un prometedor oasis de esperanza. El éxito de este experimento político podría determinar no sólo el futuro de México, sino, además, el rumbo del progresismo en todo el hemisferio occidental. En la pandemia, ellas lo demostraron. En el retorno de Trump, te toca a ti, Presidenta con “a”, ser un faro para todas, pero también para todos y todes los que hoy, en todo el mundo, tienen miedo.

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