Los meses más largos

A poco menos de tres meses para el cambio de gobierno en la Presidencia de México, Claudia Sheinbaum se enfrenta a una transición que promete ser todo menos sencilla. Estos próximos meses, que bien podrían parecer los más largos de su carrera política, presentan una ...

Yuriria Sierra

Yuriria Sierra

Nudo gordiano

A poco menos de tres meses para el cambio de gobierno en la Presidencia de México, Claudia Sheinbaum se enfrenta a una transición que promete ser todo menos sencilla. Estos próximos meses, que bien podrían parecer los más largos de su carrera política, presentan una serie de desafíos que pondrán a prueba su capacidad de liderazgo y su habilidad para navegar las complejas aguas de la política mexicana.

El primer reto, y quizás el más visible, será administrar su relación con el gobierno saliente de Andrés Manuel López Obrador. Él, conocido por su carisma y su protagonismo indomable, no parece dispuesto a ceder el centro del escenario político fácilmente. Sheinbaum deberá encontrar un delicado equilibrio entre mostrar continuidad con el proyecto de la 4T y establecer su propia identidad. Tendrá que demostrar que es mucho más que una simple extensión de López Obrador, sin por ello antagonizar con él o con la base morenista que la llevó al triunfo, pero demostrando que su propia preparación para diseñar un plan de gobierno, reclutar un equipo competente y estrategia para ejecutarlo serán las que el país y propio proyecto necesitan.

El segundo desafío radica en su relación con Morena, el partido que la llevó al poder. Paradójicamente, el éxito electoral de Sheinbaum podría convertirse en su primer dolor de cabeza. El partido, acostumbrado a girar en torno a la figura de López Obrador, parece tener dificultades para asimilar que habrá un cambio en el liderazgo presidencial. Sheinbaum deberá trabajar para que la totalidad de la militancia de Morena la reconozca como su nueva líder, sin caer en divisiones internas que podrían debilitar su mandato, incluso antes de comenzar. El fenómeno inevitable ocurrido el 2 de junio, es que todos se sientan artífices y dueños de la victoria y todo reconocimiento personal o colectivo les parezca insuficiente a su “incansable” militancia y movilización. 

Por último, pero no menos importante, está el reto de su relación con el próximo Poder Legislativo. Con un Congreso que iniciará su periodo rindiendo cuentas a López Obrador y no a ella, Sheinbaum se enfrentará a la compleja tarea de establecer su autoridad y agenda legislativa. Desde el día que presentaron la reforma al Poder Judicial, ella anunció que enviaría seis iniciativas propias al arranque de la próxima Legislatura, y ayer presentó tres de gran relevancia, una de ellas para empezar a medir la alineación de su propia bancada: la de “no reelección”. Claudia debe saber las potenciales minas que se pueden esconder debajo de cada curul y cada escaño. Demostrará su habilidad política para negociar con legisladores que podrían estar más inclinados a seguir sus propias agendas, o las de su grupo.

Estos tres meses serán cruciales para empezar a definir el tono y la dirección del gobierno que encabezará Claudia. Su capacidad para manejar estas presiones (en ningún momento menores) determinará en gran medida el éxito en el arranque de su administración. ¿Logrará establecer su propia identidad política sin alienar a la base morenista? ¿Cómo liderará a un partido acostumbrado solamente a orbitar en torno al Presidente? ¿Cómo podrá moderar los apetitos de tantos y tantas personalidades de su partido y los partidos aliados?

La tarea no es sencilla. Pero Sheinbaum tiene todo para demostrar que será una líder fuerte por derecho propio (ganó con más votos y contundencia que cualquier otro candidato en el pasado), y será ella la que tenga una supermayoría legislativa. Estos meses de transición serán la primera prueba para Sheinbaum. Hasta ahora lo ha administrado de gran forma: mandando, por ejemplo, todas las señales necesarias para tranquilizar las turbulencias del mercado ante la incertidumbre generada por la reforma judicial. Su éxito en navegar estos desafíos sentará las bases para su Presidencia. Si logra establecer su autoridad sin provocar fracturas internas, podrá iniciar su mandato desde una posición de fuerza.

Los próximos tres meses serán, sin duda, los más largos y desafiantes en la carrera política de Claudia Sheinbaum. De su habilidad para navegarlos dependerá, en gran medida, el futuro político de México. El país entero estará pendiente de cada uno de sus movimientos, esperando ver si está a la altura del enorme desafío que tiene por delante. Por lo pronto, hoy presenta la tercera tanda de un gabinete que, hasta hoy, sólo ha dejado buen sabor de boca y buenas expectativas.

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