La economía contada como un cuento

Columnista Invitado Nacional

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James K. Galbraith* 

TOWNSHEND, VERMONT.— La legitimidad de la economía como disciplina académica y herramienta de formulación de políticas es blanco de ataques sostenidos, al menos desde la crisis financiera de 2008. Pero pocas críticas se ocupan de los orígenes de la disciplina y su propósito. Ahora, Antara Haldar, investigadora en estudios jurídicos de la Universidad de Cambridge, pone ambas cuestiones en el centro de la atención en su nuevo libro Everyman: The Untold Story of Economics.

Su exposición es fabulosa en más de un sentido. Es una fábula en tres actos, estructurada como una obra de teatro con personajes alegóricos (Neo, Tina, Tek, Finn, Davos, etcétera) y narrada en una mezcla de estilos literarios (con homenajes a John Steinbeck, Oscar Wilde y Ernest Hemingway, entre otros) que dejan en ridículo el conformismo insípido de los economistas convencionales. El resultado es una “historia” de la economía como ninguna otra: imaginación y verdad a partes iguales.

Haldar narra la historia de dos familias igualmente dignas. Una comienza con la metáfora de la “mano invisible” en La riqueza de las naciones de Adam Smith, según la interpretaron Friedrich August von Hayek, Lionel Robbins, Milton Friedman y la Sociedad de Mont Pèlerin. La otra comienza con John Maynard Keynes y pasa por su famoso “círculo” (Joan Robinson, Richard Kahn, Nicholas Kaldor, Piero Sraffa) antes de volver a girar en dirección a Hayek en la figura de Paul Samuelson y luego desaparecer, tras no haber logrado entregar el “becerro de oro” prometido por Keynes.

La historia que cuenta Haldar es la de la economía académica angloamericana dominante (y, en menor medida, de sus periferias poscoloniales en el sur de Asia y América Latina), según la orientación que le dio un grupo de refugiados intransigentes venidos de Europa Central a mediados del siglo XX. (Cabe destacar que el libro pasa por alto a Marx y sus seguidores.) Se trata, por tanto, del auge y del declive (hasta ahora incompleto) de Neo, el homo economicus. Thorstein Veblen ya describió a este homúnculo abstracto y amoral a principios del siglo XX como “un velocísimo calculador de placeres y dolores, que oscila como un homogéneo glóbulo de afán de felicidad al calor de estímulos que lo llevan de aquí allá dejándolo a él mismo intacto”.

El historiador económico Karl Polanyi es una fuente de inspiración clave para Haldar y sus heroínas. Lo evoca como una figura “delgada, con gafas”, de “ojos centelleantes y un aura de calidez, humanidad y curiosidad infinita”. Interviene desde un costado en el bautismo imaginario en 1946 del “nieto” de Keynes para advertir contra “el estado caótico del mundo en el que la ‘ficción’ del dinero dictaba los ‘hechos’ del trabajo y de la tierra”.

El Polanyi de Haldar prevé que la “psique humana” se rebelará contra lo que ha creado Neo, y ofrece como regalo al niño el “arraigo en la comunidad” (mensaje que cuenta con todo el respaldo de Haldar). Me encontré con este fragmento del libro un sábado y me lo llevé conmigo al día siguiente, cuando conduje desde el sur de Vermont hasta una residencia de ancianos en Montreal, donde se lo leí a Kari Polanyi, hija de Karl, que ahora tiene 103 años y está en sus últimos días.

La enseñanza moral fundamental de Haldar es muy visible. Neo fue un invento, su triunfo intelectual fue una quimera y las políticas que inspiró han generado inestabilidad, precariedad, desigualdad y crisis. Su amigo Finn sufrió un paro cardiaco, y el propio Neo (aunque todavía tiene el control total de la academia) perdió su estatus en el mundo real frente a Tek, descendiente de Joseph Schumpeter. La destrucción creativa hoy está de moda, y cuanto más descontrolada, desenfrenada y despiadada, mejor. Pero las fuerzas de la duda y, tal vez, de la justicia (Gini, Palma y Tara) no están dormidas. ¿Podrán imponerse y guiar a Eve de vuelta hacia la luz de Polanyi? ¿O triunfará la descontenta turba liderada por demagogos? Confieso que el final me dejó sin certezas, quizá porque la historia todavía no terminó. Pero no me cabe duda de que Haldar le dio un golpe contundente a Neo, y es posible que no se recupere fácilmente si este libro se difunde.

Voy a terminar con una pequeña crítica. Se refiere a la metáfora que define el mito de la creación de Neo: la mano invisible. Haldar la describe como “un motivo que representa una fuerza que confiere una extraña armonía a actos de los hombres que de otro modo no tendrían conexión alguna”. Pero es un error que aquí (y en la mayoría de las citas del libro) queda oculto tras una omisión. El texto completo de Smith es:

“Al preferir dar apoyo a la industria nacional antes que a la extranjera, sólo busca su propia seguridad; y al dirigir dicha industria de modo tal que sus productos alcancen el mayor valor posible, sólo busca su propio beneficio; y en esto, como en muchos otros casos, es guiado por una mano invisible para promover un fin que no entraba en sus propósitos”.

En otras palabras, la mano invisible funciona precisamente porque las personas están conectadas, en este caso como compatriotas. La “nación” en Smith es una comunidad. No hay dos Smith ni son sus dos libros gemelos divergentes. Su designación como santo patrono de Neo (y de Davos) fue un secuestro. Tal vez cuando el espíritu de Polanyi y sus aliados triunfe por fin, Smith será liberado de sus garras y se le permitirá volver a unirse a las filas de los economistas que pueden honestamente reclamarlo como uno de los suyos.

*Titular de la cátedra de Relaciones entre el Gobierno y la Empresa en la Escuela LBJ de Asuntos Públicos de la Universidad de Texas en Austin 

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