Lo que Ifigenia iba a decir…

Hoy martes se cumplen ocho días de la histórica sesión en la que Claudia Sheinbaum fue investida como la primera Presidenta de México. Recibió la banda presidencial de manos de una Ifigenia Martínez de 94 años, mujer excepcional a lo largo de toda su vida, pionera en ...

Hoy martes se cumplen ocho días de la histórica sesión en la que Claudia Sheinbaum fue investida como la primera Presidenta de México. Recibió la banda presidencial de manos de una Ifigenia Martínez de 94 años, mujer excepcional a lo largo de toda su vida, pionera en más de un terreno (el académico, el político, el activista, el democrático) y hasta su último aliento lo dedicó a continuar labrando la historia con sus manos. La salud le impidió pronunciar el discurso que tenía preparado para tan gigantesco momento histórico. Permítame compartirlo en este espacio:

“Hoy nos encontramos aquí, en este recinto solemne de la democracia mexicana, como testigos de un momento que marca un antes y un después en nuestra historia: la toma de protesta de la doctora Claudia Sheinbaum Pardo como la primera mujer Presidenta de México.

Su llegada a la Presidencia es la culminación de una lucha que hemos atravesado generaciones enteras de mujeres, quienes con valentía desafiamos los límites de nuestros tiempos. Hoy, junto con ella, llegamos todas y abrimos paso a una nueva era.

Yo misma, que he recorrido tantas batallas por la democracia y la justicia, me siento profundamente honrada de presenciar este triunfo histórico. En 1969, formé parte de la Corriente Democrática de izquierda en México, una lucha que, junto a muchas y muchos, iniciamos con la firme convicción de que el cambio verdadero era posible.

Hoy, esas convicciones han rendido fruto. No sólo tenemos una Presidenta, sino que se vislumbra un presente donde las mujeres participemos en condiciones de igualdad en la construcción de futuros posibles y deseables para nuestra patria. Ser parte de esta transmisión histórica del Poder Ejecutivo y entregar la banda presidencial a la primera presidenta es uno de los mayores honores de mi vida.

Agradezco profundamente la confianza de mis compañeras y compañeros legisladores para desempeñar este acto simbólico, que representa no sólo un punto de inflexión en la historia, sino también el triunfo de nuestros valores: igualdad, justicia y democracia.

Hoy, las mujeres, junto a los hombres, estamos listas para continuar construyendo el país que soñamos. El de un México libre e igualitario. Un país donde el liderazgo femenino dejará de ser la excepción, para convertirse en norma.

Desde esta soberanía, le decimos que no está sola. Que la lucha por la justicia y por la igualdad es de todas y de todos. Y que no descansaremos hasta lograr una democracia plena, donde no haya distinción de género, clase o condición. Que nuestras diferencias no nos dividan, sino que sean la fuente de propuestas y de soluciones compartidas a los distintos retos que enfrentamos.

Hoy, más que nunca, necesitamos tender puentes entre todas las fuerzas políticas, dialogar sobre nuestras divergencias y construir, juntas y juntos, un país más justo y solidario.

Es tiempo de altura de miras. Es tiempo de construir nuevos horizontes y realidades. Es tiempo de mujeres. Sigamos dejando huella”.

Descansa en paz, admiradísima Ifigenia. La labor de toda tu vida, en efecto, fue el arado más poderoso que permitió ablandar la tierra para ver florecer el histórico momento en el que, por fin, México tiene a su primera mujer Presidenta.

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