Isabel II, el símbolo

En estos setenta años el planeta se ha mantenido relativamente en paz.

Yuriria Sierra

Yuriria Sierra

Nudo gordiano

Setenta años. Siete décadas. Hace unos meses, a propósito del jubileo de Isabel II, dediqué este espacio a hablar sobre algunos de los tantísimos acontecimientos que había anotado la Historia (así, en mayúsculas) a través de sus años de reinado: la Revolución Cubana, la puesta en órbita del Sputnik, la disolución de la Unión Soviética, la llegada del primer hombre a la Luna, el golpe de Estado contra Salvador Allende, la dictadura y caída de Augusto Pinochet, en Chile, el fin de la era de Francisco Franco, en España; sobreviviente de dos pandemias, vio caer al Muro de Berlín y al WTC de Nueva York, vio iniciar guerras, en Vietnam, Afganistán y el Golfo Pérsico, también la disolución de Yugoslavia… también fue la reina que presenció el nacimiento del mundo digital y se incorporó a él… pero Isabel II, aún después de la celebración de su cumpleaños 96 y de las conmemoración a sus más de siete décadas en el trono, tuvo oportunidad de ampliar su legado. Apenas hace un par de días nombró y recibió a Elizabeth Truss, la nueva primera ministra del Reino Unido.

Isabel II, insisto, es la figura pública con mayor presencia en las varias generaciones vivas que conviven en el presente global. No sólo fue la tercera monarca más longeva del mundo, fue también la que más duró en el trono británico, la reina que estuvo, nada más, siete décadas al frente de un símbolo que, aún para el siglo XXI, le significa algo a su país… Y al mundo, porque en estos setenta años el planeta se ha mantenido relativamente en paz. 

Y no es que a ella, per se, se le atribuya ese ritmo con el que el planeta ha andado desde la segunda mitad del siglo XX, pero Isabel II se convirtió en el símbolo de sociedades y Estados que enaltecieron el desarrollo democrático. La Historia puede contar desde ya, que Isabel II fue testigo de la configuración del mundo después de dos guerras mundiales, pero también la que enviaba mensajes de fortaleza a pesar de los incendios que se vivían dentro del Palacio de Buckingham. Fue la monarca que ante el planeta entero tuvo que reconocer y aceptar los destinos que eligió su descendencia, la familia que en otros momentos históricos tenía que cumplir a cabalidad los lineamientos reales.

Isabel II se convirtió en un pegamento social no sólo de la sociedad británica o de las más de 50 naciones con las que tuvo relación cercana, por el reino o por los lazos fraternos que éste tuvo con otras naciones. Fue la que mantuvo viva la esencia de la monarquía al tiempo en que se avivó el debate sobre la pertinencia de esta institución en un mundo que cada vez cuestiona más su configuración social. 

Desde que ayer por la mañana se anunció la preocupación por el estado de salud de Isabel II, ciudadanos acudieron al exterior del Palacio de Buckingham a mostrar su cariño; una vez que se confirmó su deceso, hasta mandatarios enemigos de las monarquías hicieron lo propio: y esto como el valor más significativo de una figura como la de ella, la reina Isabel II, la mujer que no quería ser reina, pero que se mantuvo en el trono como nadie más en Reino Unido y que se hizo símbolo para las sociedades del mundo en la actualidad.

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