Irán (son sus mujeres)

Hay una imagen que se repite en las redes de todo el mundo: una joven iraní encendiendo su cigarro con una fotografía en llamas del ayatolá Jamenei. Vemos a algunas haciendo ejercicio frente a las fuerzas de seguridad. Otras que se quitan el velo y lo queman. Están declarando su existencia como acto de insurrección.

En septiembre de 2022, Mahsa Amini murió brutalmente bajo custodia de la “Policía de la Moralidad” por llevar mal puesto el velo. Su funeral se convirtió en grito de guerra con la consigna “¡Mujer, Vida, Libertad!”. El régimen respondió con 500 muertos, 22,000 detenidos, torturas, ejecuciones. Pero no consiguió sofocar nada. Las protestas actuales comenzaron el 28 de diciembre por la crisis económica, pero en días mutaron en algo más profundo: el fin del régimen. Más de 1,000 muertos en sólo unos días. Apagón total de internet. Y las mujeres al frente, quemando la imagen del ayatolá.

Trump ha estado observando. Canceló reuniones con Teherán, impuso aranceles de 25% a países que comercien con Irán, instó a “patriotas iraníes” a “tomar el control”. Su enviado se reunió secretamente con Reza Pahlavi, el príncipe heredero exiliado. Trump dice que prefiere “dejar que todos salgan y veamos quién emerge”. Traducción: que los iraníes hagan el trabajo sucio mientras Washington decide después a quién reconocer. Y aquí está la paradoja que Trump y la derecha estadunidense no quieren ver. Las mujeres iraníes no están pidiendo que venga un hombre fuerte a salvarlas. Están exigiendo exactamente lo que la derecha ataca cuando lo llaman “agenda DEI”: igualdad, libertad individual, derechos civiles, separación de religión y Estado, y autonomía sobre sus propios cuerpos. Ellas (y todos los jóvenes que luchan con ellas) están dando vida a los ideales medulares de la filosofía liberal estadunidense. Vida, libertad, búsqueda de la felicidad. Todo lo que supuestamente EU defiende desde su fundación.

La paradoja es brutal: la misma derecha que aplaude a mujeres iraníes por desafiar un régimen teocrático totalitario y ataca las iniciativas de diversidad en casa. La misma que celebra cuando una mujer iraní se quita el velo se opone a que las estadunidenses tengan acceso a anticonceptivos o al aborto. La misma que dice apoyar la “libertad” en Irán, y también quiere prohibir libros y dictar quién puede usar qué baño.

Las mujeres iraníes no son “minorías” buscando privilegios. Son seres humanos exigiendo derechos básicos. Trump promete “ayuda”. Pero la ayuda que Irán necesita no es otra intervención militar con apetitos imperiales. Es el reconocimiento de que las mujeres en sus calles ya ganaron la batalla moral. Que tienen razón. Que merecen los mismos derechos que cualquier ser humano.

Si aplaudes a una mujer iraní quemando la foto de Jamenei, pero atacas la “ideología woke” cuando una mujer exige igualdad salarial, no eres defensor de la libertad. Eres consumidor selectivo de tragedias ajenas. Eres oportunista geopolítico usando el sufrimiento de otros para justificar tus guerras, mientras niegas en casa los mismos principios que dices defender afuera.

Las chicas iraníes no necesitan que nadie las salve. Ya se están salvando solas. Lo que necesitan es que el mundo deje de ser hipócrita. Y que cuando finalmente ganen —porque van a ganar— recordemos que ganaron porque decidieron que su libertad valía más que su seguridad. Ésa es la lección de dignidad que las mujeres en Irán le están dando al mundo. Y la lección a la que mucha gente todavía no quiere siquiera dar acuse de recibo. Cuando caiga el primer misil de EU, no pueden olvidar que fueron ellas las que prendieron la llama…

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