Extinción de doble filo
La Cámara de Diputados acaba de votar a favor de la extinción de los organismos autónomos en México, una medida que ya se anticipaba, pero que, con su concreción, confirma los peores temores de quienes creen en el equilibrio de Poderes, la rendición de cuentas y la ...
La Cámara de Diputados acaba de votar a favor de la extinción de los organismos autónomos en México, una medida que ya se anticipaba, pero que, con su concreción, confirma los peores temores de quienes creen en el equilibrio de Poderes, la rendición de cuentas y la democracia liberal. Este golpe al diseño institucional del país no sólo representa un retroceso preocupante en términos de gobernanza y derechos ciudadanos, sino que también supone riesgos considerables para Morena y para el propio Poder Ejecutivo encabezado por Claudia Sheinbaum.
Los organismos autónomos, como el Inai, la CNH, la Cofece y el IFT, entre otros, se crearon para garantizar que áreas clave como la transparencia, la regulacion de exploración y extracción de hidrocarburos, la competencia económica y la regulación en telecomunicaciones, estuvieran libres de los vaivenes políticos y del control absoluto del gobierno en turno. Han sido piezas esenciales de un engranaje que buscaba balancear el poder del Ejecutivo y brindar certezas a la ciudadanía y a los actores económicos. Con su desaparición, México no sólo se alinea con las estrategias de regímenes autoritarios que concentran el poder, sino también manda un mensaje desafortunado al mundo: aquí no se respeta la autonomía ni se prioriza la institucionalidad. Esto tendrá consecuencias graves en la confianza de los inversionistas extranjeros, en la competitividad económica y en los derechos de millones de mexicanos, que estarán más desprotegidos frente a los abusos del poder.
Esta medida responde al proyecto de centralización del poder que comenzó con López Obrador, Morena juega un juego peligroso. La extinción de los organismos autónomos es una apuesta de bumerán inevitable y puede volverse en su contra por varias razones. Alimenta las acusaciones de que Morena busca perpetuarse en el poder a través de prácticas autoritarias, como las que tuvo su tan criticado PRI en el pasado. En un contexto donde las democracias de América Latina están bajo presión, esta medida podría erosionar la legitimidad del partido ante la ciudadanía y los actores internacionales.La desaparición de éstos provocará una fuga de talentos técnicos y especializados que buscarán otros espacios, debilitando el capital humano disponible para enfrentar los retos que esta decisión generará. Además, al interior de Morena, voces críticas podrían emerger ante el costo político que esta medida traerá en las elecciones de 2027. Finalmente, el descontento social que surja por las posibles consecuencias será canalizado por la oposición, y Morena, al eliminar contrapesos, también elimina excusas: cualquier falla futura recaerá enteramente sobre sus hombros.
Para Sheinbaum, esta decisión representa un desafío enorme. Heredar el control absoluto que implica la desaparición de estos organismos conlleva no sólo la responsabilidad política, sino también operativa. La Presidencia y sus secretarías ahora tendrán que asumir funciones que antes estaban a cargo de instituciones con experiencia y autonomía. Esto implica una sobrecarga administrativa que podría complicar la gestión eficiente de áreas tan complejas como la transparencia, la regulación económica o la protección de derechos humanos. Además, cada controversia, escándalo de corrupción o fallo en políticas públicas será percibido como responsabilidad directa de Sheinbaum y su equipo, pues, sin estos organismos que actúen como intermediarios, el Ejecutivo quedará expuesto. A esto se suman los conflictos internos y externos que podrían surgir: tensiones dentro del gabinete, demandas de sectores sociales que exijan rendición de cuentas y un endurecimiento de la postura internacional hacia México, afectando acuerdos comerciales y diplomáticos.
La desaparición de estos organismos es un recordatorio de lo frágil que puede ser una democracia cuando los contrapesos se eliminan en nombre de la “eficiencia” o el “ahorro”. México entra ahora en una etapa de incertidumbre institucional, donde el poder político no tendrá barreras, pero tampoco excusas. Para Morena y para Sheinbaum, esta “victoria” legislativa podría convertirse en un arma de doble filo. Si bien hoy tienen el control, mañana podrían enfrentar un descontento popular que, sin estos autónomos para canalizarlo, se dirigirá directamente a Palacio Nacional. El futuro de México, su democracia y su economía se ponen en juego. La pregunta no es si habrá consecuencias, sino cuándo comenzaremos a verlas.
