El plan maestro de Alito Moreno
Claramente, ocho años más de su liderazgo es justo lo que necesita un partido en plena desintegración.

Yuriria Sierra
Nudo gordiano
¡Ah, qué maravilla! Nuestro querido Alejandro Alito Moreno, ese gran visionario de la política mexicana, nos deleita una vez más con su infinita sabiduría. ¿Quién más podría tener la brillante idea de aferrarse al timón de un barco que no sólo se hunde, sino que también ya está, prácticamente, en el fondo del mar?
Tras la aplastante victoria electoral del PRI el pasado 2 de junio (porque perder por paliza es la nueva forma del triunfo moral aquí y en tantísimos otros países, ¿no?), Alito ha decidido que lo mejor para su partido es seguir bajo su iluminada dirección hasta el lejano 2032. ¡Bravo! Porque, claramente, ocho años más de su liderazgo es justo lo que necesita un partido en plena desintegración.
¿Qué pretende Alito? Bueno, es evidente que busca negociar desde una posición de fuerza. Después de todo, ¿qué mejor momento para hacer tratos que cuando tu partido se desmorona y tus militantes huyen como ratas de un barco que se hunde? Es la estrategia perfecta: “Mírenme, soy el líder de lo que queda de un partido otrora poderoso. ¡Teman mi influencia sobre estas gloriosas ruinas!”. O acaso saliva por la noche creyendo que será él quien venderá a precio de oro la colaboración de los dos senadores que le faltarán a Morena para la mayoría calificada en el Congreso.
Quizás su verdadera intención sea protagonizar la rapiña por los restos del otrora poderoso PRI. Imaginen la emoción de pelear por las sobras, por los muebles viejos de las oficinas, por el último peso en las arcas del partido. ¡Qué emocionante debe ser presidir desde y sobre las migajas!
O tal vez, sólo tal vez, Alito aspira a algo más grande: pasar a la historia como el auténtico enterrador del PRI. Porque, seamos honestos, ¿quién no quiere ser recordado como el capitán que hundió definitivamente el Titanic de la política mexicana? Es un legado envidiable, sin duda. Buscar ser él (y no López Obrador) el arquitecto de la extinción, quien se lleve todo el crédito de haber logrado que el PRI se esfume del horizonte político nacional.
En fin: regocijémonos ante este espectáculo de tenacidad y visión política. Mientras el PRI se desmorona como un castillo de naipes en medio de un huracán, Alito se mantiene firme al volante, conduciendo con determinación hacia el precipicio. Porque si vas a estrellarte, mejor hacerlo con estilo y determinación, ¿no es así?
Así que adelante, Alito. Sigue presidiendo (y devorando las que puedas) sobre tus migajas hasta 2032. Estamos ansiosos por ver aquello que quedará del PRI para entonces. Quizás sólo una placa conmemorativa que diga: “Aquí yace el PRI. Alito estuvo aquí”.