Día mil: ¿WW3?

El día mil de la guerra en Ucrania podría recordarse como el momento en que el mundo comenzó a deslizarse hacia el abismo de un conflicto nuclear. El ataque ucraniano con misiles estadunidenses de largo alcance contra territorio ruso, y la subsecuente amenaza de Putin de ...

El día mil de la guerra en Ucrania podría recordarse como el momento en que el mundo comenzó a deslizarse hacia el abismo de un conflicto nuclear. El ataque ucraniano con misiles estadunidenses de largo alcance contra territorio ruso, y la subsecuente amenaza de Putin de responder con armamento nuclear, han elevado la crisis a un nivel que no veíamos desde la Crisis de los Misiles en Cuba de 1962. La diferencia crucial es el contexto: estamos ante un momento de transición política en EU, con un presidente saliente debilitado y un probable sucesor que ha expresado posiciones contradictorias sobre el conflicto. Este vacío de liderazgo podría ser lo que Putin estaba esperando. El timing no es coincidencia. Putin, maestro del ajedrez geopolítico, ha elegido este momento de vulnerabilidad institucional en EU para elevar las apuestas. Biden, en sus últimos meses de mandato, enfrenta el dilema imposible de mostrar firmeza sin provocar una escalada catastrófica. Trump, por su parte, oscila entre declaraciones de que “podría resolver el conflicto en 24 horas” y amenazas de abandonar la OTAN.

Los riesgos son apocalípticos en su escala. La “victoria” en una guerra nuclear es una ilusión. Los modelos científicos más recientes sugieren que incluso un intercambio nuclear “limitado” provocaría un invierno nuclear que afectaría la producción mundial de alimentos durante décadas. Las simulaciones del Departamento de Defensa estadunidense estiman que un conflicto nuclear total entre Rusia y Occidente podría eliminar a tres cuartas partes de la población mundial, no por las explosiones inmediatas, sino por sus efectos secundarios: hambrunas, colapso de sistemas de salud y caos social generalizado.

La crisis actual tiene varios elementos que la hacen particularmente peligrosa: primero, la erosión de los protocolos de comunicación entre potencias nucleares. Durante la Guerra Fría, EU y la Unión Soviética mantenían líneas de comunicación abiertas y protocolos claros para prevenir escaladas accidentales. Hoy, muchos de estos mecanismos se han deteriorado o son inexistentes. Segundo, la proliferación de sistemas de armas “intermedias” que difuminan la línea entre conflicto convencional y nuclear. Las armas hipersónicas, los ciberataques y los sistemas de “uso dual” crean ambigüedad sobre cuándo se ha cruzado el umbral nuclear. Tercero, la desintegración del régimen de control de armas. Los tratados que mantenían cierto orden en la disuasión nuclear se han ido desmoronando.

El impacto regional sería catastrófico. Europa, ya tensionada por la crisis energética y la inflación, podría enfrentar el colapso de sus instituciones. La OTAN, piedra angular de la seguridad occidental desde la Segunda Guerra Mundial, podría fragmentarse si Trump cumple sus amenazas de retirada.

Asia no escaparía al caos. China, que ha mantenido una postura ambigua, podría verse tentada a aprovechar la confusión para resolver “definitivamente” la cuestión de Taiwán. Corea del Norte podría ver una oportunidad para acciones militares contra el Sur. América Latina, aunque geográficamente distante del epicentro del conflicto, sufriría consecuencias devastadoras. La disrupción del comercio global, la crisis alimentaria y el colapso financiero afectarían especialmente a economías emergentes como México, Brasil y Argentina.

Las próximas semanas serán cruciales. Biden necesita encontrar un equilibrio entre firmeza y prudencia, mientras que la comunidad internacional debe trabajar contrarreloj para establecer nuevos canales de comunicación con Rusia. El mundo se encuentra en un momento definitorio similar a octubre de 1962. La diferencia es que entonces, a pesar de la hostilidad mutua, existían líderes en ambos bandos que entendían visceralmente los horrores de la guerra y valoraban la supervivencia por encima de la victoria. Hoy, esa sabiduría nacida del trauma de la Segunda Guerra Mundial se ha desvanecido.

La humanidad está jugando una versión perversa de la “teoría de los juegos”, donde la única forma de ganar es no jugar. El problema es que ya estamos jugando y las fichas nucleares están sobre la mesa. La pregunta es si tendremos la sabiduría colectiva para dar un paso atrás antes de que sea demasiado tarde.

Como dijo Einstein: “No sé con qué armas se luchará la Tercera Guerra Mundial, pero la Cuarta Guerra Mundial se luchará con palos y piedras”. El riesgo es que esta vez ni siquiera queden suficientes sobrevivientes para una cuarta. Volvimos al contexto MAD: mutual assured destruction.

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