Octubre llegó con un calendario laboral que nadie en Palacio Nacional quisiera ver completo. El miércoles 21 los trabajadores del IMSS vuelven a marchar en la capital. El jueves 22, a las 11 de la mañana, vence el emplazamiento a huelga en Volkswagen de Puebla. A mediados de noviembre se acaba la prórroga de 45 días que Aeroméxico y sus mil 632 pilotos se dieron para no parar. Y el 8 de octubre, en Ixtaczoquitlán, unos 250 obreros de Sabritas apagaron diez líneas de producción. Vistos por separado, son conflictos de contrato. Vistos juntos, dicen algo más difícil de administrar.
En el IMSS, el congreso del SNTSS avaló un aumento de 6.8%, del que apenas 2.9 va al salario tabular. La base no lo compró. Hubo bloqueos en Reforma, consultas suspendidas en varios estados, un portazo en la sede sindical y una mesa en Gobernación que se rompió tras siete horas. La consulta del 14 terminó en rechazo y Rafael Olivos tuvo que admitirlo en un video de madrugada, sin cifras. Zoé Robledo abrió otra mesa. Los inconformes piden 10% directo al salario y la salida de Olivos. En Volkswagen el guion se parece demasiado: empresa y sindicato pactaron un convenio a dos años de 13.16% global. Los trabajadores lo tumbaron el jueves, 3 mil 135 votos contra 2 mil 452, y era la segunda vez; en septiembre ya habían rechazado otra oferta, molestos por el recorte de unas 800 plazas y de un turno. La armadora respondió que no comprometerá su futuro con tal de evitar la huelga.
¿Qué comparten un sindicato del sector salud que por décadas fue cercano al poder y uno de los sindicatos independientes más antiguos del país? Que en los dos la base votó contra lo que firmó su dirigencia. En Sabritas el enojo era con la opacidad del propio sindicato y con un descuento salarial del que nadie rinde cuentas. Para mí ahí está el fondo. La reforma laboral de 2019, empujada por el T-MEC, dio a los trabajadores el voto libre y secreto para aprobar convenios. Durante años fue un trámite. Este año empezó a morder, y lo hace con 669 emplazamientos a huelga entre enero y agosto, casi todos por salario. Conviene entonces mirar la agenda de riesgos completa. Uno tiene hora fija: si el 22 estalla la huelga en Volkswagen, el paro alcanza a los proveedores de Puebla y Tlaxcala. Le sigue un paro de facto en el IMSS. Los disidentes llaman a tomar las secciones sindicales hasta forzar un congreso extraordinario, y del otro lado están más de 70 millones de derechohabientes en un instituto al que la Presidenta ya reconoció que le faltan insumos y medicamentos. De ahí sale otro riesgo: si la base desconoce a Olivos, el IMSS se queda negociando con una dirigencia que ya no controla a los suyos.
Luego viene el contagio. Cualquier punto extra en el IMSS será referencia para otros sindicatos del Estado. La CNTE sigue exigiendo abrogar la Ley del ISSSTE de 2007. Ese punto extra, además, sale de un presupuesto ya estirado; el Congreso acaba de aprobar más deuda en la Ley de Ingresos 2027. En noviembre vuelve Aeroméxico a la lista, cuando venza su prórroga. Y el caso Sabritas advierte que las rebeliones de base contra cúpulas sindicales también llegaron a la industria privada. Quedan dos riesgos: uno mira al norte: un paro en la mayor planta de Volkswagen fuera de Alemania llega justo cuando el T-MEC se discute y su capítulo laboral vigila la democracia sindical. El otro mira a 2027. La salud es el rubro en el que el votante menos perdona, y un conflicto en el IMSS se suma al desabasto que el propio gobierno ya admitió.
Sería cómodo leer todo esto como agitación o como una pelea por unos pesos. No lo veo así. Hay hartazgo con dirigencias que negocian arriba y después mandan a votar. Y hay una inflación que se acumula en el bolsillo. Los trabajadores descubrieron que su voto cuenta y lo están usando. Si esto no se registra pronto, las próximas fechas del calendario no se van a fijar en una mesa. Las van a fijar las bases.
ADDENDUM
Apagafuegos. Vaya semana que vivió el presidente de la Mesa Directiva, Raúl Bolaños-Cacho, que tuvo que poner orden durante las sesiones del martes y miércoles, en las que el pleno aprobó la Ley de Impuesto sobre la Renta y la Ley Federal de Derechos. Ayer, durante la comparecencia del secretario de Economía, Marcelo Ebrard, pidió nuevamente que se respetaran los acuerdos entre los grupos parlamentarios, justo cuando los ánimos parecían encenderse por las airadas críticas del diputado del PAN, Marcelo Torres, hacia el funcionario.
