BRUSELAS.– Los líderes europeos discutieron en sendas jornadas en la capital de Bélgica dos urgencias que en realidad son una: la energía y Ucrania. El petróleo sigue al alza y el gas está en su nivel más alto desde el invierno de 2022. Se supone que para estas alturas el frío y las lluvias serían parte del fastidio habitual entre los habitantes de la ciudad sede de la Unión Europea, pero de cualquier forma el riesgo de que sea un fin de año con sensaciones más heladas de las habituales está ya muy próximo. En corto, funcionarios de la UE señalan que un hogar del continente que paga su factura y un hospital ucraniano que se queda a oscuras son dos caras de una misma moneda.
En un seminario en la UE (Study Tour) con colegas y académicos mexicanos, seguido de un think tank del Centro de Estudios de Políticas Europeas, fueron más las preguntas que las respuestas. No es para menos. Como sugería el historiador Benedetto Croce, Europa debe mirar su pasado como una guía a las exigencias y problemas de su presente. El Viejo Continente se mueve con la vitalidad de quien desea cooperar y sumar socios de otras regiones, otros ámbitos. Europa, con sus problemáticas, es un ejercicio de múltiples relatos.
Entre las inquietudes de estos días surgió la de la relación de la UE con México. Varios funcionarios y eurodiputados apuntaron a este espacio que con el gobierno de Claudia Sheinbaum la situación ha fluido de mejor manera y ya están los documentos en materia de energía renovable, entre otros tópicos.
Pero esta semana fue la de Volodímir Zelenski, el presidente de Ucrania que cuenta con el decidido apoyo europeo, pero, al mismo tiempo, depende de la ambivalencia política de Washington.
Donald Trump llegó a un acuerdo con Vladimir Putin para liberar grandes cantidades de diésel ruso. La noticia provocó la molestia de Zelenski, a lo que Trump respondió pidiendo que Ucrania se busque un nuevo mandatario. El problema, esencialmente, son los ataques rusos a puntos civiles. En Bruselas aseguran, sin embargo, que Rusia no ganará la guerra. En ese sentido, gracias a las sanciones de la UE que buscan presionar al Kremlin, se calcula en esta ciudad que la guerra podría terminar para la siguiente primavera. Trump tiene otros planes.
En la Unión Americana, los republicanos afrontan unas legislativas difíciles, en parte por los precios de la energía. Ucrania paga esa factura. Aliviar las sanciones al agresor mientras bombardea es regalarle ingresos para continuar el conflicto, y así lo advirtió Kaja Kallas, la representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad.
En ese vacío, Londres fungió como escenario clave. El primer ministro Andy Burnham expresó su “completa solidaridad” y anunció más sanciones a Rusia. Recibió a Zelenski en el número 10 de Downing Street. Allí, se comprometió a acelerar entregas de sistemas de defensa aérea. También se anunció una aceleración de misiles útiles contra drones rusos. Burnham, además, dijo querer “reparar puentes” entre Ucrania y Estados Unidos, sin criticar a Trump. A ojos de Europa es una estrategia razonable, pero su éxito depende de que Washington esté dispuesto a ese puntual llamado.
Por otro lado, en los despachos de la UE se comenta el posible regreso de los británicos. Burnham lanzó el guiño y Bruselas no tardó en imaginar la prospectiva.
Hay, de momento, rediseños para financiar a Ucrania al tiempo que diciembre se acerca de manera inexorable. Las sesiones del referido seminario dejaron patente la intención de Europa de dejar de depender del gas que reciben de Rusia. El suministro de ese combustible se cubrirá con energías verdes y otros proveedores.
Si todo sale de acuerdo a las proyecciones más optimistas, en la siguiente primavera se ondearán las banderas blancas en el viejo continente, poco después de que el conflicto entre Rusia y Ucrania cumpla un lustro.
