Diez años después

El 13 de febrero de 2015 celebré el que sería mi último cumpleaños en mi ciudad natal. Fue viernes, un día de mucho trabajo, entre enlaces informativos, redacción, producción y despedidas. Me alejaba de lugares que habían sido mi segunda casa, donde pasaba incluso más tiempo que en la mía. Al día siguiente, el 14 de febrero, mientras muchos celebraban el amor y la amistad, yo emprendía un viaje hacia una nueva etapa. 

Después de varias entrevistas buscando trabajar en la Ciudad de México, había llegado la oportunidad de incorporarme a Cadena Tres. Sin embargo, meses después nos tocó bajar el switch y esperar el nacimiento de la tercera cadena nacional. En el camino, Excélsior Televisión me recibió en sus foros, en aquella “esquina de la información”. Más tarde, nos mudamos a Ciudad Imagen. Fue una experiencia extraordinaria: presenciar el surgimiento de un canal nacional, conocer a grandes profesionales y, sobre todo, sentirme parte de algo que comenzaba a construirse.

En 2018, mientras caminaba por los pasillos de Imagen, me encontré con el gran Ciro Gómez Leyva. Lo saludé con respeto y en modo fan, hablándole de usted. Su respuesta fue inmediata y tajante: “Sólo Ciro, por favor”.

Lo que vino después lo agradezco profundamente. Me invitó a sumarme a su equipo nocturno. Comenzó entonces otra etapa de aprendizaje. Trabajar con él nunca fue sencillo. Una nota siempre podía ser mejor; para un periodista como Ciro, la exigencia no conoce atajos. Aquellos años fueron una prueba constante, pero también una experiencia invaluable que me enseñó a mirar la información con otros ojos y a entender que el rigor periodístico se construye todos los días.

Después llegó la pandemia. Tras unos meses, mi partida fue necesaria. Al menos temporal. Me embaracé y, ante la incertidumbre, decidimos que lo ideal era resguardarnos en casa. Siempre conté con el apoyo de la empresa y, tiempo después, regresé. Esta vez, las necesidades del canal y de mi bebé me llevaron a trabajar junto a Paco Zea, un profesional extraordinario, de memoria privilegiada y trato entrañable. Con él también he aprendido muchísimo.

Un par de años más tarde llegó una invitación que jamás busqué ni imaginé: convertirme en titular del espacio informativo vespertino. Aceptar me cambió la vida. Una cosa es acompañar a quien conduce un noticiario y otra muy distinta asumir la responsabilidad de estar al frente. Entonces descubrí lo que significa enfrentarse cada día a una evaluación silenciosa, pero contundente: la audiencia y su decisión de sintonizarte.

Han pasado tres años desde entonces. A esa aventura se sumaron esta columna en Excélsior y las conversaciones de los viernes en Imagen Radio con mi querido Paco Zea, para analizar los temas coyunturales en El Cristalazo de la Semana.

Hoy, al mirar atrás, sólo puedo sentir gratitud. Llegué a integrarme a equipos que ya tenían una historia y fui recibida con generosidad. Hemos construido una gran mancuerna y aprendemos unos de otros todos los días. Cada noticia, cada entrevista y cada historia lleva el sello de quienes hacemos posible el espacio informativo de las dos de la tarde.

Me gusta pensar que he sido parte de Grupo Imagen durante estos diez años. Diez años de cambios, desafíos, encuentros y aprendizajes; de despedidas que abrieron puertas y de oportunidades que llegaron cuando menos las esperaba.

No sé qué traerá el futuro, pero me entusiasma imaginarlo. Deseo que lo que venga se traduzca en crecimiento para la empresa, para mí y para los míos. Porque, si algo me han enseñado estos años, es que una trayectoria no se construye en solitario: se hace con confianza, con trabajo y con personas que, en algún momento, deciden darte una oportunidad.

Y por eso hoy, diez años después, reitero: gracias.

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