Las batas blancas en movimiento

¿Será el movimiento del IMSS una nueva revolución de batas blancas? El movimiento médico, conocido como Revolución de las batas blancas, inició en noviembre de 1964. El factor detonante fue el despido de las y los médicos que laboraban en el hospital 20 de Noviembre (ISSSTE), y que habían solicitado que les pagaran una prima vacacional a la que tenían derecho. Relata el doctor Alfredo Rustrian Azamar en La Revolución de batas blancas 40 años después, vigente, que, en menos de un mes, el movimiento estaba conformado por más de 30 mil 500 médicos, residentes e internos en huelga, con 33 hospitales del DF, y cinco del IMSS.  El 30 de enero levantaron el paro y 500 médicos fueron despedidos, entre ellos el doctor Octavio Rivas Solís, quien fuera médico y psicólogo de los Pumas de la UNAM, y quien prologó la obra mediante relatos conmovedores sobre el ambiente político de aquella época.

Hoy, 62 años después, no son los médicos del ISSSTE, sino los del IMSS los que comenzaron esta nueva etapa de protestas, no sólo por los bajos salarios, sino por la falta de medicamentos, materiales e insumos en general; además, por la falta de contratación de personal, diferencias en el pago de pensiones;  y, sobre todo, señalamientos en contra del actual dirigente del Sindicato, Arturo Olivares, quien, además, es diputado suplente del actual diputado de Morena, el exlíder sindical Arturo Olivares Cerda. El reclamo político suena lógico: ¿cómo puede defender los intereses de los trabajadores un militante del mismo partido que gobierna? Se creía que eso sólo había pasado en el periodo del partido hegemónico del PRI, pero también sucede en éste de Morena.

Que haya una nueva crisis relacionada con la salud no es una novedad: desde que arribó al poder el expresidente López Obrador y decidió erradicar la política pública del Seguro Popular, implementado por el expresidente Vicente Fox, los servicios de salud pública enfrentan una gran crisis que no ha podido superar la presidenta Claudia Sheinbaum en estos dos años de gobierno y que se ve difícil que logre hacerlo. Lo que sí es una sorpresa es la respuesta masiva de los trabajadores del IMSS para haberse movilizado el 13 de octubre en 25 entidades de la República. El asunto no es menor, esta respuesta demuestra que hay una inconformidad real, no sólo de quienes laboran, sino de la población en general, que no recibe los servicios.

Los datos del Inegi son transparentes: en 2018 había 20.1 millones de personas con carencia por acceso a servicios de salud, pero en 2022 sumaban 50.4 millones. Si bien es cierto que hubo una disminución de 5% entre 2022 y 2024, esto no significa que realmente se esté atendiendo a la población. Desde el sexenio pasado se impulsan diversas campañas para que todos los que no tengan seguridad social se inscriban al IMSS Bienestar, incluso los alumnos de las instituciones educativas como la UNAM. ¿Cómo es posible que se incremente la población a atender y no se procure un mejor presupuesto para ello?

Frente a la petición de la presidenta Claudia Sheinbaum para que se realizara una votación libre, sin orientar al personal para saber si estaban a favor o en contra de la propuesta salarial, Rafael Soto Cruz, líder del movimiento, visiblemente nervioso, informó que ésta se realizó y quedó demostrado el rechazo mayoritario de los sindicalizados, hecho que la misma dirigencia actual reconoció.

Es obvio que hay otras razones por las que se mueven, en este momento, los del sector salud; en próximos días en la Cámara de Diputados se aprobará el presupuesto de 2027. Si no se incluyen las partidas presupuestales para enfrentar la crisis, será muy difícil que se haga posteriormente. El problema es que, si el gobierno accede a la petición de un mayor incremento salarial, otros sectores exigirían lo mismo, pero si no resuelven a favor de las demandas, el movimiento podría seguir creciendo y sumando otras inconformidades de otros sectores, tal y como han crecido otros movimientos sindicales en diversas coyunturas de preámbulo electoral.

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