La antesala

Yuriria Sierra

Yuriria Sierra

Nudo gordiano

La negociación del T-MEC no empieza el día que los equipos técnicos se sientan a la mesa. Empieza mucho antes, en la ingeniería silenciosa de posiciones, en los viajes discretos, en la arquitectura de alianzas que nadie anuncia en conferencia de prensa. Y en ese sentido, México lleva meses jugando un partido que muchos todavía no han visto. 

Ayer, Marcelo Ebrard se reunió en Washington con Jamieson Greer, representante comercial de EU, y acordaron instruir a sus equipos técnicos para mantener encuentros regulares en los próximos meses. La hoja de ruta quedó trazada. La postura de México es clara: permanencia del T-MEC y eliminación de aranceles, bajo una estrategia que Ebrard sintetizó en una frase que es tanto política como filosófica: “cabeza fría y firmeza”. Nadie debería subestimar lo que hay detrás de ese binomio. La frialdad no es pasividad; es táctica. La firmeza no es terquedad; es soberanía.

La estrategia mexicana se concentrará en tres grandes ejes: reducir la dependencia de EU respecto a otras regiones del mundo, fortalecer las cadenas de suministro regionales y garantizar la seguridad de esas cadenas ante un entorno geopolítico que ha demostrado ser volátil. México llega, además, con algo que en la renegociación anterior escaseó: una sola voz construida desde la consulta y el consenso. Meses de conversaciones con empresas, cámaras industriales, organizaciones agropecuarias, sindicatos y especialistas académicos permitieron confirmar un consenso sobre el valor del acuerdo para la economía. No es menor. Es el piso desde el cual se negocia sin fisuras visibles hacia afuera.

El trabajo de Ebrard ha sido, hay que decirlo, sistemático. En los últimos meses ha viajado de forma recurrente a Washington para intentar encauzar el proceso de revisión mucho antes de que las cámaras encendieran. Pero la dimensión comercial es sólo uno de los frentes. El otro, quizás el más determinante en la lógica de Trump, es la seguridad. Y ahí es donde Omar García Harfuch se convierte en pieza indispensable del tablero. El sector empresarial estadunidense ha reconocido que los resultados en seguridad que está obteniendo el gobierno mexicano bajo el liderazgo de García Harfuch les dan la pauta para pensar que la renegociación del T-MEC va a ser positiva. Con él al mando, aumentó la cooperación con EU para mejorar los sistemas de inteligencia y combatir al crimen organizado. En la gramática de Trump, el fentanilo y los cárteles no son temas paralelos al tratado; son condiciones de él. México lo entendió y respondió con hechos antes que con declaraciones. García Harfuch también se ha reunido con todos los actores relevanetes de la agenda de seguridad en EU, sin dejar ningún cabo suelto que pueda poner en peligro la renegociación. 

Roberto Velasco, subsecretario para América del Norte en la Cancillería, es otro de los nombres que operan en la cocina de esta negociación. Su función es de articulación diplomática fina: mantener canales abiertos, administrar los tiempos, custodiar la agenda política de la relación bilateral en un momento en que la Cancillería y la Secretaría de Economía no siempre leen el mismo pentagrama. Entre Ebrard, De la Fuente y Velasco existen diferencias sobre cómo llevar la relación con EU, una tensión que no debe subestimarse, pero que tampoco debe magnificarse: en toda negociación compleja, la pluralidad interna puede ser debilidad o fortaleza, pues cuando se administra bien, es una fuente de argumentos para distintos interlocutores.

Quien tiene el encargo de que el sector privado hable con una sola voz —y que ésa llegue con propuestas y no sólo con buenos deseos— es Altagracia Gómez. La coordinadora del Consejo Asesor de Desarrollo Económico anunció que el mecanismo conocido como Cuarto de Junto tendrá una evolución para robustecer las propuestas que se llevarán a las mesas de diálogo con Canadá y EU. La idea es que cada sector representado presente sus propias propuestas concretas, no una posición genérica del empresariado. Es un cambio de método que puede parecer técnico, pero que es, en realidad, un cambio de ambición.

México sabe que enfrente tiene a un Trump que ha sugerido la posibilidad de dejar expirar el T-MEC y buscar acuerdos bilaterales separados, que usa los aranceles como palanca política antes que como instrumento económico, y cuyo gabinete, como ha advertido Ildefonso Guajardo, funciona más como cámara de eco que como contrapeso. En ese contexto, la estrategia mexicana apuesta por algo que Washington no esperaba encontrar: coordinación, preparación y, sobre todo, paciencia con estrategia. La partida acaba de empezar.