Ana Gabriela o cómo destrozar tu medalla
En un giro irónico que raya en lo trágico, Ana Gabriela Guevara, otrora orgullo olímpico de México, mujer inspiración y role model de tantas niñas y adolescentes, ha dejado una estela de decepción y frustración al frente de la Comisión Nacional de Cultura Física y ...

Yuriria Sierra
Nudo gordiano
En un giro irónico que raya en lo trágico, Ana Gabriela Guevara, otrora orgullo olímpico de México, mujer inspiración y role model de tantas niñas y adolescentes, ha dejado una estela de decepción y frustración al frente de la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte (Conade). Su gestión, marcada por escándalos de corrupción y un desamparo sistemático a los atletas mexicanos, es un duro golpe para quienes esperaban que su experiencia como deportista de élite se tradujera en un apoyo sin precedentes para la nueva generación de talentos.
A medida que transcurren los Juegos Olímpicos de París 2024, es imposible ignorar el camino cuesta arriba que han tenido que recorrer nuestros atletas. Lejos de contar con el respaldo institucional que merecen, muchos se han visto obligados a recurrir a campañas de crowdfunding, venta de artículos personales y búsqueda desesperada de patrocinios privados para financiar su preparación y viaje. Esta realidad es un testimonio vergonzoso de cómo el Estado mexicano, a través de la Conade, ha fallado en su deber fundamental de fomentar y apoyar el deporte de alto rendimiento.
Los escándalos de corrupción que han salpicado la administración de Guevara son particularmente dolorosos. Desde acusaciones de desvío de fondos hasta la opacidad en la asignación de recursos, cada revelación ha sido un golpe a la confianza de los deportistas y del público en general. Es difícil no ver estos actos como una traición a los valores olímpicos que Guevara alguna vez encarnó en la pista.
El abandono de los atletas no se limita a lo financiero. La falta de apoyo en términos de instalaciones adecuadas, equipo de entrenamiento y acceso a personal médico especializado ha puesto en desventaja a nuestros representantes frente a sus competidores internacionales. Es un milagro de determinación y talento que, a pesar de estas carencias, tengamos, hasta hoy, dos medallas en París 2024 (mujeres fuera de serie que han tenido que remontar todas las carencias a las que han sido sometidas) y varios y varias finalistas en varias disciplinas. Ninguna, ninguno de ellos, gracias al apoyo de la Conade y Ana Gabriela Guevara.
En este contexto sombrío, la llegada de una nueva administración federal ofrece un rayo de esperanza. La presidenta electa, Claudia Sheinbaum, con su pasado como remera dedicadísima y entusiasta, y bailarina casi profesional, trae consigo la promesa de una comprensión más profunda de las necesidades del deporte mexicano. Su experiencia personal podría ser la clave para revertir años de negligencia y establecer una política pública que verdaderamente apoye y fomente el talento deportivo nacional.
Y es que, más allá de las medallas y los récords, una renovada atención al deporte tiene el potencial de impactar positivamente en uno de los problemas más acuciantes de México: el involucramiento de jóvenes en actividades delictivas. El deporte, con su capacidad de inculcar disciplina, trabajo en equipo y aspiraciones de superación personal, puede ser una herramienta poderosa para ofrecer alternativas atractivas a la seducción de los cárteles del narcotráfico.
Es hora de que México recupere su lugar como país con dignidad deportiva en la región y en el mundo. Para lograrlo, necesitamos una Conade que esté a la altura de las aspiraciones, las necesidades y el talento de nuestros atletas. Que el desastroso periodo de Guevara sirva como una lección sobre lo que no se debe hacer y que la nueva administración marque el inicio de una era dorada para el deporte mexicano.
Los ojos de la nación estarán puestos en París 2024, no sólo para celebrar los logros de nuestros atletas, sino también para exigir que, a su regreso, encuentren un sistema deportivo renovado, transparente y verdaderamente comprometido con su desarrollo. El legado de esta generación de deportistas merece nada menos que eso.
ADDENDUM
Pero qué bien se viaja en primera clase, ¿no? Y qué bien cenar en Au Pied de Cochon, casi al pie de la Torre Eiffel. Vaya, que París bien vale una cena, varios escándalos y un acto de traición cualquiera a la austeridad y a los atletas.