Aceptar responsabilidad

A partir de ahora resultará más incomprensible la insistencia en esos otros datos con los que intenta refutar una realidad que al parecer lo ha alcanzado. Esos números que nadie co-noce, pero que permanecen como una sombra. Deberán ser estos los próximos elementos a soltar, si lo que busca es dar credibilidad a un gobierno que pide a gritos sus primeros buenos resultados

Yuriria Sierra

Yuriria Sierra

Nudo gordiano

El alza en los feminicidios. En la incidencia delictiva de alto impacto. Homicidios, robo, secuestro y violación. La expansión del crimen organizado. Enfrentamientos cada vez más constantes entre bandas delictivas, pero con civiles como saldo. La disminución en la expectativa del crecimiento económico. El bajo nivel educativo. La poca precisión de los índices de pobreza. El mucho presupuesto que se reparte y lo poco para lo que alcanza. El desabasto de medicamentos. El desvío de recursos. La falta de transparencia. La corrupción. La desconfianza de los inversionistas. Las causas que generan la migración. La incertidumbre del futuro.

A unos días de que Andrés Manuel López Obrador emita su primer informe de gobierno, da señales de que ha entendido que ya no está en campaña; da muestra de que asume que es el Presidente del país: “No quiero ya seguir responsabilizando a la administración pasada y a los de la anterior administración. Ya es nuestra responsabilidad...”, dijo ayer su conferencia de prensa en Palacio Nacional. Tuvieron que pasar más de nueve meses para que le escuchábamos decir algo como esto, algo tan simple y sensato, pero que le da forma de un jefe de Estado. Era ya insostenible esa narrativa de culpabilidad, que sólo evidenciaba una falta de diagnóstico que, incluso, asomaba, tal vez, una falta de proyecto. La institucionalidad del Estado está en sus manos. En las de él y su equipo. Debía, urgía que dijera esto. Y deberá dar el siguiente paso.

A partir de ahora, resultará más incomprensible la insistencia en esos otros datos con los que intenta refutar una realidad que al parecer lo ha alcanzado. Esos números que nadie conoce, pero que permanecen como una sombra. Deberán ser éstos los próximos elementos a soltar, si lo que busca es dar credibilidad a un gobierno que pide a gritos sus primeros buenos resultados, pues no todo se construye con percepción, menos aún sólo con esa que deja entrar a sus oídos.

Estos primeros meses de su gobierno han estado plagados de inconsistencias, pero muchas de ellas se sobredimensionan justo por la resistencia que han tenido para aceptar que todo lo que ocurre desde el pasado 1º de diciembre es resultado de su trabajo, sólo de su trabajo y sólo de sus decisiones. Sólo excusas, pocas propuestas. Es momento de que comiencen a escuchar a todas las voces, más aún esas que advierten riesgos, esas que ya no están en el equipo, pero que se han permitido la libertad de señalar las fallas e imprecisiones.

“Estamos poniendo de pie, elefante que estaba echado, lo estamos parando y lo estamos empujando al elefante reumático y lleno de mañas...”, agregó. El diagnóstico lo sabíamos todos, lo que esperamos también todos es que el camino sea mucho más claro. Aún es tiempo de corregir aquello que da señales de tropiezos y pugnas.

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