“A mí me puso Andrés Manuel”

El gobierno federal ha desplegado más de 10,500 elementos entre Ejército, Guardia Nacional y fuerzas federales a Sinaloa.

Rubén Rocha Moya confesó en público que su candidatura a la gubernatura de Sinaloa fue producto de una decisión presidencial y no de una encuesta.

Sentado en la Feria Internacional del Libro de Culiacán, el gobernador reveló que perdió las encuestas internas de Morena no una, sino dos veces, y que el verdadero ganador era Luis Guillermo Benítez Torres, pero que Andrés Manuel López Obrador, en un acto de amistad, decidió que Rocha era el elegido.

Esta confesión llega en un momento delicado. El gobernador ha convertido en una de las figuras más incómodas para el gobierno y para Morena.

Desde la captura de El Mayo Zambada, en julio de 2024, la violencia en Sinaloa aumentó en 129%, en una guerra interna entre las facciones de Los Chapitos y La Mayiza. En 2025, Sinaloa registró 571 civiles asesinados, superando el total de 2024.

Mientras el estado está así, Omar García Harfuch ha tenido que viajar múltiples veces a Culiacán desplegando más de 10,500 elementos entre Ejército, Guardia Nacional y fuerzas federales.

Esta confesión es un reto sutil, pero claro. Mientras hay presiones internas en Morena para que el gobernador renuncie por su manejo de la crisis, éste se niega. Su confesión dice: “Yo aquí sigo porque Andrés Manuel me puso”. Un desafío velado al gobierno federal que ha tenido que convertirse en el bombero que apaga los incendios que el mandatario estatal no puede —o no quiere— controlar.

Pero hay un tercer destinatario de este mensaje, y ése es el gobierno de Estados Unidos, que ha designado a los cárteles mexicanos, incluyendo (o quizá empezadando) el de Sinaloa, como organizaciones terroristas extranjeras, y ha amenazado con operaciones militares en territorio mexicano. EU ha acusado que los cárteles tienen “tremendo control” sobre políticos mexicanos. Ayer, Caroline Leavitt y Stephen Miller volvieron a la carga con esta posibilidad…

La captura de Zambada desató una fractura profunda, con una pugna entre Los Chapitos y los hijos de El Mayo por el control del cártel en medio del vacío de poder y liderazgo. ¿Y qué protección podría ofrecer el expresidente de México? ¿De qué sirve presumir que “a mí me puso Andrés Manuel” cuando él ya no está en el poder y las estructuras criminales con las que supuestamente coexistió están destruyéndose entre sí y, de paso a Sinaloa?

Lo más absurdo es la desfachatez. Rocha confiesa públicamente que ganó por dedazo y lo hace sin el menor pudor, como si estuviera contando una anécdota graciosa. Es la arrogancia de quien cree que, mientras tenga el amparo de su padrino político, puede decir lo que quiera.

“A mí me puso Andrés Manuel”, dice el gobernador. Y ése es precisamente el problema. Porque mientras él presume de ello, los sinaloenses siguen en medio de una guerra entre cárteles que ya no responden a los acuerdos del ayer (cualesquiera que éstos fueran), bajo la amenaza del gobierno de EU que no distingue entre narcos y gobernadores cuando habla de “control cartelero”, y con un gobierno federal que cada día ve al gobernador estatal más como una losa que como un aliado.

Esta confesión no es honestidad, sino la demostración más cruda de cómo funciona el poder en México. Y mientras él sigue presumiendo del apoyo del expresidente, Sinaloa sigue esperando a que la violencia dismunuya y que se enfrente la inseguridad con todo el peso de la ley.

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