La candidata

Claudia Sheinbaum conoce la ciudad desde varias perspectivas 
y tiene un respaldo que pocas veces se percibe para un político.

Yuriria Sierra

Yuriria Sierra

Nudo gordiano

La encuesta de Morena fue para resolver quién será su candidata, como ahora ya sabemos, para la jefatura de Gobierno de la Ciudad de México, fue un claro ejemplo de la utilidad de las encuestas y la apertura de sus mesas para la opción de sus militantes (y hasta de quienes no lo son). Porque de otra manera, no habría sido posible que midieran la rentabilidad de los aspirantes. Ningún partido en su sano juicio, se daría un balazo en el pie decidiéndose por quien les resta más de lo que les suma.

Claudia Sheinbaum, ahora coordinadora de la Organización para la Ciudad de México (dicho así en lo que empieza formalmente la campaña) será quien aparezca en la boleta electoral. Según lo que se difundió en las cuentas de Twitter de Martí Batres y Mario Delgado el jueves por la tarde-noche, quienes fueron encuestados optaron por la delegada en Tlalpan, como la mejor opción para arrebatarle al PRD el Palacio del Ayuntamiento. En textos previos, he escrito aquí que sobre las cualidades que la hacen a ella la indicada: es una mujer sumamente inteligente, que conoce la ciudad desde varias perspectivas y que, además, cuenta con el respaldo de figuras académicas, políticas, de defensa de derechos humanos, científicos y un largo etcétera, que pocas veces se percibe para un político. Sheinbaum es una mujer respetada dentro y fuera de nuestras fronteras, no de gratis fue parte de un equipo de investigadores merecedores del Nobel. Si de por sí, y según lo que marcan las encuestas, Morena tiene esta elección en la bolsa, la figura de Sheinbaum les abona la seguridad de una campaña mucho más tersa de la que habrían conseguido con otro personaje. Y la encuesta les sirvió para ello, para medir qué tan mercadeables eran sus cuatro candidatos. Ni el empeño que le puso Monreal para crearse un falso apoyo (se decía ganador en prácticamente todas las encuestas que, según, estaban en su poder) lograron mermar las posibilidades de que Morena saliera avante de este episodio. Y es que, para tragedia del delegado en Cuauhtémoc, no sólo no fue el ganador, sino que incluso en los resultados oficiales fue rebasado por Martí Batres, el dirigente capitalino del partido. Monreal logró un decoroso tercer lugar, que no habría querido, pero que resultó ante la simpatía de quienes fueron encuestados.

De ahí que Monreal, por mucho que haya dicho la noche del jueves, previo a conocer los resultados, que Morena se mantendría unido, ni siquiera apareció en la conferencia que ayer por la mañana ofreció Claudia Sheinbaum junto a los otros contendientes. Y si Morena quiere diferenciarse del resto de las organizaciones políticas, debe enviar un mensaje contundente de que saben perder hasta en las decisiones internas, hasta en las que resultan por encuestas. Tal como lo hizo Mario Delgado quien, a pesar de que le avisaron muy tarde de la fecha de la encuesta, no sólo participó de todas formas, sino que con toda madurez democrática acompañó a Sheinbaum y fue el primero en conceder el triunfo a la delegada de Tlalpan, así como hablar de lo necesario que es mantenerse como un grupo donde caminan todos en la misma dirección. Y es que, con la candidatura definida, se colocan en una posición de ventaja que, si no saben aprovecharla, irá en su perjuicio. Y es que hoy, Claudia será el blanco de tiro de los otros partidos que aún están lejos de definir a sus abanderados, aunque eso no es algo que desconozca la delegada.

Por eso están obligados en Morena a dejar a un lado las rabietas y comenzar a trabajar en el proyecto que los lleve fuertes a la elección. Mal haría Monreal en irse, mal haría cualquier otra organización política en recibirlo. La de la Ciudad de México, es una elección que tienen casi en la bolsa, sería un despropósito fracturar lo que hoy se pronostica en las encuestas. Sobre todo si tienen a una candidata con las credenciales necesarias para la batalla.

Temas: