15 días

15 días. Eso es lo que le queda a Andrés Manuel López Obrador como presidente de México. Dos semanas que se antojan eternas en un país acostumbrado a la intensidad de sus gobernantes y a la vorágine de los cambios de poder. 15 días en los que el gobierno saliente no ...

Yuriria Sierra

Yuriria Sierra

Nudo gordiano

15 días. Eso es lo que le queda a Andrés Manuel López Obrador como presidente de México. Dos semanas que se antojan eternas en un país acostumbrado a la intensidad de sus gobernantes y a la vorágine de los cambios de poder. 15 días en los que el gobierno saliente no termina de irse y el entrante aún no ha podido ingresar del todo, atrapados en una especie de limbo político donde la línea entre lo viejo y lo nuevo se desdibuja peligrosamente.

Estos 15 días, que deberían ser de transición ordenada y de preparación para el relevo, se están convirtiendo en un periodo de nerviosismo e incertidumbre, tanto para el equipo de López Obrador como para el de Claudia Sheinbaum. El Presidente saliente, en su afán de dejar su marca hasta el último minuto, no parece dispuesto a aflojar el paso ni a ceder protagonismo. Mientras tanto, Sheinbaum se encuentra a la espera, lista para tomar las riendas, pero consciente de que la sombra de su mentor todavía cubre cada decisión y cada acto.

López Obrador enfrenta sus últimos días en el poder con la misma intensidad que lo ha caracterizado desde el primer día de su mandato. En lugar de un cierre discreto, el Presidente ha optado por un sprint final lleno de decisiones de alto impacto: la aprobación de la reforma al Poder Judicial en un polémico fast track, la presentación de proyectos que, más que legados, parecen cargas para el próximo gobierno, y una agenda de despedida que incluye sus tradicionales giras por el país, como si aún tuviera seis años por delante.

Esta insistencia en mantenerse al frente hasta el último momento no sólo está generando tensiones internas, sino que también envía un mensaje contradictorio: un gobierno que parece no querer irse, que se resiste a cerrar su ciclo y que deja poco espacio para el arranque de lo nuevo. AMLO sigue ocupando el escenario, con sus mañaneras diarias y sus declaraciones que acaparan titulares, dejando a Claudia Sheinbaum en un papel de espectadora, obligada a esperar pacientemente su turno mientras el telón de la 4T aún no termina de caer.

Para Sheinbaum, estos 15 días son una prueba de paciencia y estrategia. A pesar de haber sido anunciada como la próxima Presidenta, su capacidad de acción está limitada hasta el momento en que reciba la banda presidencial. No puede iniciar formalmente su gobierno, pero tampoco puede desentenderse de un país que ya la percibe como la próxima líder. Mientras AMLO sigue en el centro de la atención, Sheinbaum debe equilibrar su discurso entre el respeto a la gestión saliente y la urgencia de proyectar su propia visión de gobierno.

El mayor reto para Sheinbaum en estos días será comenzar a construir su propio liderazgo mientras navega en un mar de decisiones heredadas. La reforma al Poder Judicial, las políticas económicas que buscan continuidad, pero enfrentan desafíos globales, y la necesidad de calmar las aguas tras un sexenio de confrontaciones son sólo algunas de las tareas que esperan en su escritorio el primer día. En estos 15 días, México vive en un estado de tensa dualidad. Por un lado, la euforia de un cambio histórico, con la primera mujer en la Presidencia y una mayoría legislativa que promete respaldar sus iniciativas. Por otro, la sensación de que el gobierno de López Obrador no termina de irse. Para AMLO, estos últimos días son la oportunidad de consolidar su legado y dejar una última impresión en la historia. Para Sheinbaum, representan el inicio de una era que, aunque teñida de continuidad, debe forjar su propio camino y enfrentar los desafíos de un país que no espera, que exige y que necesita respuestas. El lapso de estas dos semanas será clave para ambos.

Al final, estos 15 días no son sólo una transición de poder; son un reflejo del país que AMLO deja y el que Sheinbaum recibirá. Un México que sigue dividido, que ha experimentado transformaciones profundas, pero también crispaciones dolorosas, y que espera que el próximo capítulo traiga no sólo continuidad, sino también un nuevo tono, una nueva manera de hacer política. La historia de este país está a punto de escribir una nueva página, y en este breve, pero crucial interludio, López Obrador y Sheinbaum comparten un escenario que, aunque por poco tiempo, define el puente entre lo que fue y lo que está por venir. El reloj sigue avanzando y México, una vez más, se encuentra al borde de un cambio que se siente inminente, pero que aún no ha terminado de llegar. 15 días. Sólo 15 días. Solamente dos semanas…

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