La reciente tragedia ocurrida en Temascalcingo, en el Estado de México, nos vuelve a confrontar con una realidad dolorosa y nos obliga a detenernos y reflexionar seriamente sobre la manera en que estamos celebrando nuestras costumbres.
No se trata de atacar nuestras tradiciones ni de restarles el enorme valor cultural y comunitario que poseen. Es innegable que las fiestas patronales son hermosas, llenas de color y vitalidad, y que existe un deseo genuino y muy respetable por preservarlas de generación en generación como parte fundamental de nuestra identidad.
Sin embargo, es momento de poner sobre la mesa que el uso de artículos elaborados con pólvora representa un riesgo constante y sumamente elevado. Desafortunadamente, lo sucedido en Temascalcingo no es un hecho aislado ni una coincidencia desafortunada; en nuestro país hemos sido testigos una y otra vez de tragedias similares que han dejado pérdidas irreparables, familias destruidas y comunidades enteras sumidas en el luto.
La acumulación y el manejo de material explosivo en entornos festivos siempre llevará consigo un peligro latente que tarde o temprano pasa factura, pero muchas veces con el argumento de que es para celebrar a tal o cual santo y los encargados de esas festividades recurren al uso de pirotecnia.
Sin embargo, debemos entender que la fe, la devoción y la alegría de una comunidad no dependen de la cantidad de estruendo que generemos en el cielo. Podemos seguir festejando a nuestros santos patronos con el mismo fervor, la misma unión y el mismo cariño sin la necesidad de recurrir a los cuetes, la quema de castillos o los tradicionales toritos. Creo que nuestras festividades no van a decaer ni van a perder su esencia si decidimos omitir estas actividades que ponen en riesgo la vida de las personas.
Sinceramente, no creo que los santos se enojen por no llevarles cuetes. La verdadera devoción se demuestra en el cuidado de la comunidad, en la convivencia pacífica y en el respeto por la integridad de todos los asistentes. Honrar las tradiciones también significa adaptarlas para garantizar que todos vuelvan a casa a salvo después de festejar.
MARÍA DEL CARMEN POSADAS
ESTADO DE MÉXICO
