Sin hogar

La proliferación de personas en situación de calle en avenidas que antes se percibían ajenas a esta realidad se ha vuelto una constante imposible de ignorar en el paisaje urbano. Por ejmplo, en recorridos que hago por vialidades como avenida Universidad, es cada vez más evidente cómo espacios que antes eran de tránsito fluido o de uso comercial han sido reconfigurados como refugios improvisados. Los cajeros automáticos, por ejemplo, se han transformado en dormitorios nocturnos para quienes no tienen un techo, buscando allí un mínimo de resguardo frente al clima o la inseguridad de la noche.

Esta problemática va más allá de un pernocte temporal, pues en diversas zonas de esta misma avenida he visto la instalación de viviendas improvisadas elaboradas con cartones, plásticos y cobijas. Estas estructuras suelen colocarse de manera estratégica aprovechando la vegetación, los árboles de los camellones o las estructuras publicitarias que abundan en las aceras. Estos elementos urbanos terminan funcionando como barreras visuales que los ocultan de la vista de las patrullas y la policía, permitiéndoles establecer dinámicas cotidianas completas a plena luz del día, como lavar ropa o incluso cocinar en la vía pública con fogatas improvisadas.

A diferencia de los estigmas o prejuicios que suelen asociarse a estas situaciones, el trato directo o la convivencia diaria en la zona permite constatar que en su gran mayoría no se trata de personas agresivas hacia los transeúntes. No obstante, el aspecto que me causa mayor preocupación y reflexión es quiénes integran esta población: las personas en esta condición son cada vez más jóvenes. Ver a niños  o a jóvenes en etapa productiva o plena juventud habitando la calle refleja una compleja crisis social y económica que requiere atención profunda.

Creo que es indispensable abordar este fenómeno desde la empatía y la responsabilidad pública, entendiendo que el espacio urbano es sólo el escenario donde se manifiestan rezagos en salud mental, adicciones, falta de empleo y rupturas familiares. No se trata únicamente de un tema de imagen urbana, sino de una llamada de atención sobre la urgencia de generar políticas públicas integrales que atiendan a la juventud en vulnerabilidad antes de que la calle se convierta en su única alternativa.

ARTURO CORRALES

CIUDAD DE MÉXICO