Mujeres al volate

La incorporación de una nueva ruta de Metrobús operada exclusivamente por mujeres conductoras representa un hito fundamental en la lucha por la igualdad de género y la recuperación de espacios laborales históricamente masculinizados en el transporte público. Considero que la apertura de estas plazas no sólo amplía las oportunidades de empleo formal y digno para las trabajadoras en la Ciudad de México, sino que también contribuye a diversificar un sector donde la presencia femenina ha sido minoritaria. Me parece que este tipo de iniciativas institucionales envía un mensaje claro sobre la capacidad, la preparación y el derecho que tienen las mujeres de desempeñarse profesionalmente en cualquier ámbito de la vida pública y económica del país, rompiendo barreras culturales que durante décadas limitaron su desarrollo.

Sin embargo, resulta profundamente lamentable, la reacción machista que esta medida ha generado en diversas plataformas de redes sociales. Tan sólo en el comunicado oficial, los comentarios cargados de prejuicios y estereotipos —que insinúan una mayor propensión a sufrir accidentes, ausentismo laboral por razones biológicas o supuestas deficiencias en la atención al usuario— sólo evidencian la persistencia de un sesgo cultural que descalifica de antemano el trabajo femenino. Esta hostilidad digital refleja una resistencia sistemática a aceptar el avance de las mujeres en roles de responsabilidad y mando dentro del espacio público, utilizando la burla y el prejuicio para minar la confianza de quienes asumen estos nuevos retos.

Lo más paradójico de estos descalificativos es que son absurdos y poco realistas, ya que se sabe que, estadísticamente, la inmensa mayoría de los percances viales, excesos de velocidad y conductas de riesgo al volante a nivel mundial son protagonizados por hombres. 

La incorporación de operadoras capacitadas en el transporte colectivo suele traducirse en índices de accidentes más bajos, mayor prudencia en la conducción y una atención más empática hacia los usuarios. 

Así que reconocer y respaldar la labor de estas conductoras es un paso indispensable para consolidar una sociedad más equitativa, donde la evaluación del desempeño profesional se base en la competencia técnica y no en absurdos prejuicios de género.

MARIANA ESCALANTE

ESTADO DE MÉXICO