Mis razones para votar

Salgamos a votar, las razones sobran. Les dejo las mías con la esperanza de que seamos millones los mexicanos que hoy decidamos nuestro futuro. Yo no la tengo fácil en esta elección y supongo que nadie. Todos los candidatos tienen fuertes deficiencias y me entristece tener que votar por alguno de ellos. Eso, sin embargo, no me desmotiva para votar.

Nadie nos dijo que la democracia era un concurso de belleza. La democracia es una lucha de poder humano y los humanos fallan y cometen errores. Ninguna alianza política es perfecta, ningún humano lo es.

Así que hoy votaré. Lo haré en honor al país que quiero y a pesar de los políticos que tenemos. Lo invito a que haga lo mismo.

Lo haré, no porque alguien en la boleta me convenza al 100%, sino porque me convence vivir en una democracia donde no sea sólo 63% del padrón electoral quien decida quién nos gobierna. Votaré porque por 6 años soy crítica de tiempo completo, pero sólo por un día, el día de hoy, soy la directa tomadora de decisiones. Hoy mi muy pequeña voz hará un coro.

Votaré porque creo que la democracia no es el juego de seleccionar a alguien y confiar plenamente en sus decisiones, sino de seleccionar a alguien para permanecer en la exigencia. Yo voto porque creo que la democracia es crear un país de interlocutores, donde todos tratamos de mejorarnos.

Votaré en honor a lxs 133 candidatxs que hoy nos faltan porque fueron asesinadxs durante las campañas electorales. Por sus viudas, las 133 viudas, y por sus madres, las 133 madres que vieron a sus hijxs comenzar con esperanza una campaña para cambiar su tierra, y morir en manos de aquellos que no tienen la valentía para enfrentarlos en las urnas. No sé quiénes eran esxs 133, no sé si sus plataformas eran buenas o malas, pero sí sé que hicieron mucho más que yo por esta democracia. Ser candidato es, en este país, arriesgar la propia vida. Votaré como una forma de respeto para los que tomaron la decisión de arriesgarse por proponerme, a mí y a mi familia, un mejor México.

Votaré también por los 109,557 muertos que no fueron candidatos, pero que sí fueron los 1,659 muertos al mes, los 54 muertos al día, 15% adicional de personas que deberían estar votando hoy en esta elección conmigo (SESNSP, 2018; estimado). Pero que ya no están.

 Votaré por ellos, porque ellos ya no lo podrán hacer. Y mi voto será un arma para exigirle a quien sea que resulte ganador que me rinda cuentas.

No me contaré entre los que, apáticamente, decidieron que este país no puede cambiar, me contaré entre los idealistas. Entre los que sobrevivieron la matanza que comenzó en este país en 2007 y que protestan porque termine.

Votaré porque quiero que mi voto se lea como un rechazo contundente al México que tenemos. Al de Javier Duarte, de Odebrecht, de la Casa Blanca, de la Estafa Maestra, al de la corrupción que hace que millones de pesos del presupuesto público programable sean clasificados por la ASF como posibles daños a la hacienda pública, tan sólo en el último año (ASF, Cuenta Pública 2016). Y que mi voto sea entonces como una aguja, de las mil que juntas pueden herir a una clase política que no me representa.

Saldré a votar porque tengo el privilegio de hacerlo, y lo haré pensando en los que no lo tienen. A diferencia de quien ve con desdén a los que “venden su voto por 200 pesos”, yo quiero entender las razones que hay detrás de ello. Una de ellas es el sistema político que hemos construido. Vivimos en el México donde la clase política ha decidido ignorarnos y 200 pesos parecen más de lo que el Estado podrá darnos de vuelta ¿Otra razón mucho más sencilla? Que en México 200 pesos son más de dos salarios mínimos.

Sé que muy probablemente AMLO gane la elección y ello me preocupa y me entusiasma al mismo tiempo. Me entusiasma porque creo profundamente en su diagnóstico: que este país necesita dividir el poder económico del poder político y con ello atacar sus desigualdades.

Creo también que su candidatura ha sido una catarsis pública en la que nos hemos dado cuenta de qué tan grande es el México que se ha quedado atrás y qué tan poco hemos hecho para entenderlo. AMLO es, además, el único candidato que menciona la palabra “competencia” en su plataforma y que ve a la violencia no sólo como un problema de Estado de derecho, sino también de falta de oportunidad.

Me preocupa, sin embargo y mucho, que no sé qué tan serio sea AMLO para lograr la división del poder político y el económico. Y si no lo es, o si no lo logra, éste será el inicio del fin de la izquierda. La coalición que ha tenido que formar para ganar este domingo es incómoda y contiene desde personas que admiro, como Tatiana Clouthier, hasta personas que son parte del problema, como Julián Leyzaola. Me apena que se coluda con el SNTE, pues lo veo como un atentado contra la democracia sindical y la calidad educativa.

Así que, aún con ciertas dudas, preocupaciones y no convencida, saldré a votar sabiendo que una sola cosa es cierta: independientemente de a quién elijan hoy los mexicanos, sea AMLO o no, nunca dejaré de exigirle día a día al Presidente de México que nos dé resultados. La democracia no se hace en silencio.

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