El otro enemigo de El Bajío (no Trump)
Preocupa la guerra comercial que ha comenzado Donald Trump esta semana en contra de México al imponer
tarifas al acero. Sólo hay un peor enemigo para El Bajío que Trump, y ese es el crimen organizado. Urge poner atención a esta zona. El Bajío ha sido la región del país
con más alto y sólido crecimiento en los últimos años.
Tan sólo cuatro entidades de El Bajío (Aguascalientes, Jalisco, Querétaro y Guanajuato) representan el 14% de la economía en su conjunto. Estos mismos cuatro estados crearon una cuarta parte de los empleos formales que se crearon en el país en 2017, más que los cinco estados de la frontera, y 42% más que la zona metropolitana.
Muchos factores explican el surgimiento de El Bajío como polo de desarrollo. Uno de los principales fue la atracción de manufactura internacional, debido a que las condiciones de seguridad eran mucho mejores que en la frontera.
Hoy, esa seguridad que atrajo a los inversionistas se está viendo amenazada. La guerra comercial de Trump es un problema para El Bajío, pero lo es aún más el crimen organizado, que ha detonado olas de violencia.
En materia de homicidios, los cuatro principales estados de El Bajío tuvieron, en 2017, las tasas de homicidio más elevadas desde que tenemos registro, es decir, desde el año 2000. Aguascalientes, con una tasa de 6.2 homicidios por cada 100 mil habitantes, tuvo el doble de homicidios que en 2016. Querétaro, con una tasa de 0.5 incrementó sus homicidios durante el mismo periodo en 46 por ciento. Por su parte, Jalisco y Guanajuato han experimentado incrementos sistemáticos en su tasa de homicidio desde el 2014. Si bien todos los estados de El Bajío son todavía menos violentos que el resto del país, sobre todo ciertos lugares de Guerrero y Michoacán, lo preocupante es que la violencia está creciendo en una zona en donde antes se había mantenido contenida.
El robo común con violencia avanza a pasos agigantados en los cuatro estados que estoy considerando como El Bajío, menos en Querétaro. De hecho, nunca en la historia de Aguascalientes y Guanajuato, al menos desde que tenemos registro, en el año 2000, había habido mayor cantidad de robos con violencia que en 2017. El primero, con 83.7 delitos por cada 100 mil habitantes; y el segundo, con 173.2, representan incrementos de 25% y 20% con respecto al año inmediato anterior. Jalisco tuvo más robos en 2002, pero, aún así, con una tasa de 196.6 ha doblado sus robos con respecto al 2016.
En cuanto al secuestro, si bien se ha logrado mantener en relativo control, se ha detonado en olas en distintos estados a lo largo de los últimos años.
Primero, en Aguascalientes, durante 2008 cuando llegó a presentar 19.1 casos por cada 100 mil habitantes. Le siguió Guanajuato, en 2009, con una tasa de 14.2 casos; Jalisco, con 9.4 casos en 2012 y, finalmente, Querétaro, con 9.5 casos en 2015. En el último año, de 2016 a 2017, la tasa de secuestro casi se triplicó en Aguascalientes.
Finalmente, el robo de hidrocarburos también se ha detonado, delito que además ha funcionado como una “caja chica” del crimen organizado. En Guanajuato se estima que el 90% de los crímenes violentos con el robo de combustible, es el segundo estado
del país (sólo debajo de Puebla) con mayor cantidad de individuos puestos a disposición del Ministerio Público debido a la extracción o comercialización ilegal de hidrocarburos. Sin embargo, de poco sirven estas detenciones, ya que también se calcula que el 30% de los individuos que son identificados como huachicoleros vuelve a reincidir.
Urge atender y cuidar las condiciones de seguridad de El Bajío. Si bien éstas todavía son mejores que el resto de la economía en su conjunto, el deterioro es notorio.
Para lograrlo se requiere una coordinación entre las entidades y municipios que integran la zona para identificar tomas clandestinas de combustible, pero también para crear policías funcionales que puedan evitar que el robo con violencia continúe avanzando. La reforma que sigue pendiente en el Congreso para aprobar la creación de una policía de mando mixto y para implementar mayores penas para el robo de hidrocarburos, es necesaria para asegurar que el desarrollo de El Bajío siga por buen curso.
