Debate #1: ¿Qué preguntar a Anaya, AMLO y Meade?
En poco más de una semana será el primer debate presidencial (22 marzo), donde se discutirá con detalle la plataforma de combate a la corrupción y la impunidad.
El 56.7% de los mexicanos considera que la corrupción es el principal problema que aqueja a su entidad federativa, ¿cuáles son las preguntas que debemos sí o sí hacer a los candidatos?
El 14% de los mexicanos experimentó un acto de corrupción haciendo trámites públicos, el año pasado (ENCIG, 2017). Existen 102 mil millones de pesos de gasto público cuyo uso no ha sido aclarado o recuperado y que, por tanto, constituye un posible daño a la hacienda pública tan sólo en 2016 (ASF, 2018). El 10% de los policías del país reprueba las pruebas anticorrupción (controles de confianza) (Segob, 2018).
La situación es grave y, a pesar de ello, cuesta trabajo encontrar en el debate público a quien le importe la substancia de las propuestas. Estamos demasiado centrados en debatir el carácter de los candidatos, más que lo que representan.
Comparto las que considero son las tres preguntas más críticas que deben hacerse a los candidatos en este debate. Van en orden de preferencias en las encuestas (véase oráculos.mx):
Para AMLO, con 42.7% del voto: ¿Cómo se implementa su propuesta de que “la corrupción se barre de arriba abajo”?
Si bien su plataforma hace un llamado a combatir a la corrupción, por medio de aplicar la honestidad, como “principio básico de la regeneración nacional”, los mecanismos que ofrece para lograrlo no parecen muy diferentes de implementar el título cuarto de la Ley General del Sistema Nacional Anticorrupción, aprobada con el apoyo de la sociedad civil organizada.
Usted llama a elaborar un padrón público de contratistas sancionados o incumplidos, a investigar y cancelar empresas fantasma, a eliminar el fuero presencial, y a transparentar los procesos de compra en tiempo real. Llama a darle “total autonomía y ciudadanización plena a los órganos de combate a la corrupción” e, incluso, a endurecer las penas.
No me queda claro pues, ni a mí ni a nadie, si su llamado es al “mesianismo” o sólo a lo que ya todos pedimos: la aplicación irrestricta de la ley a todos, incluidos los amigos de los poderosos.
Para Anaya, con 28.7% del voto: ¿Cómo logrará transparentar el cabildeo en el Congreso y a qué nivel de detalle?
Personalmente, creo que es un desperdicio de nuestro tiempo continuar discutiendo la legalidad de la compra de una bodega por parte de Anaya, y me parece tiempo de comenzar a discutir los asuntos que más destacan de su plataforma, entre ellos llamar al cabildeo a cuentas. Un hito histórico si lograra implementarse.
El cabildeo es una fábrica de privilegios que está muy poco regulada. Intentos por regularla más han sido detenidos por el PRI y el Partido Verde. Más aún, muchas formas de cabildeo son ahora llamadas “asociaciones civiles” que conducen a reuniones para “explicarle” a los legisladores ciertos temas sin que haya transparencia sobre sus motivaciones o inclinaciones ideológicas.
Es momento de llamarles a cuentas, pero esto requeriría, por ejemplo, crear un consejo fiscal independiente que orientara a los legisladores, más que dejarlos que sean “asesorados” por privados. ¿Va por ahí su propuesta?
Para Meade, con el 22.6% del voto: ¿Por qué entre sus 7 compromisos prioritarios no se menciona ni una sola vez la palabra corrupción? (véase meade18.com a abril 13, 2018)
Su campaña se ha centrado en discutir su honestidad, que nadie cuestiona. Nadie duda de sus 7 declaraciones y de que usted es un hombre “de bien”. Todos más bien dudamos de su equipo, de los que representa, y, sobre todo, de los que olvidaron mencionar entre sus “7 compromisos por la nación” a la corrupción como una prioridad. ¿Esto significa que no es tema o que no se compromete a reducirla?
Suponiendo que sí es un tema relevante para usted, ¿cómo debe priorizarse la investigación de los casos de corrupción al interior de la PGR?
Para Margarita, con el 5.9% del voto, una muy sencilla: De 2007 a 2012, la corrupción (índices de experiencia, no de percepción) no disminuyó, por el contrario, parece que, o aumentó o permaneció igual, ¿qué se debió haber hecho diferente?
