El reto de David Colmenares: nuevo auditor federal

David Colmenares es nuestro nuevo auditor federal y no llega sin críticas. Se le atribuye cercanía con Morena y el PRI, y tener una mala relación con el auditor saliente. Hay quien dice que su selección es una amnistía para los corruptos. El reto es enorme: ¿Cómo puede probar David Colmenares que estas críticas son infundadas? ¿Cómo puede crear confianza?

David Colmenares tomó protesta hace unos días como nuevo titular de la Auditoría Superior de la Federación (ASF).

Estará al frente de la institución pública más central para la lucha anticorrupción. Institución que ha proveído de los datos y de las evidencias preliminares para identificar asuntos como Oceanografía, el desfalco de las finanzas públicas en Veracruz y la Línea 12 de Metro. Será auditor por ocho años.

El auditor llega cuestionado. El coordinador parlamentario del PAN consideró que ni Colmenares ni ninguno de los candidatos a auditor garantizaría autonomía e independencia de la Auditoría. Llegó al punto de acusar al PRI de querer imponer a un “fiscal carnal”.

Cuentan que cuando David Colmenares fue elegido, la bancada del PRI y sus aliados rompieron en ovaciones. Se percibió con rareza.

Hoy, no sabemos qué tan ciertos sean los cuestionamientos que se hacen al nuevo auditor porque, al final del día, Colmenares fue elegido con el 75% de los votos (377 de 446), incluidos varios del PAN.

Lo que sí sabemos es lo que Colmenares puede hacer para desmentir a sus detractores: auditar sin miramientos.

Y para hacerlo, hay al menos tres cambios que aumentarían la credibilidad a la Auditoría y le darían un golpe con guante blanco a los detractores de Colmenares.

Primero: transparentar el mecanismo por el que se elige quién va a ser auditado. Al momento, el mecanismo se reporta de firma narrativa (no cuantitativa) como una serie de lineamientos amplios que, de facto, dejan mucho espacio para la discrecionalidad. Tal discrecionalidad permite que se critique al auditor por seleccionar a modo a los que serán sujetos de revisión y, por tanto, a los que podrán ser descubiertos en actos de corrupción. La alternativa más transparente y algo que haría que Colmenares pasara a la historia sería auditar como lo hace Brasil: eligiendo a los que serán auditados en una lotería pública. Esta lotería podría ser complementada con entes que, por su tamaño o interés público, siempre fueran auditadas.

Segundo: cambiar de tajo la definición de “éxito” para la auditoría. Los indicadores de éxito de la auditoría no deben ser, como lo son ahora, la cantidad de dinero reintegrado, o la cantidad de auditorías realizadas. La métrica sería lograr que las investigaciones que realizan terminen efectivamente en consignaciones en contra de funcionarios corruptos. Esto requiere colaboración con todas las instituciones del Sistema Nacional Anticorrupción.

Tercero: hacer casos inapelables por la PGR. Es decir, que las pruebas que la auditoría presente sean contundentes y los casos estén bien armados. Para ello, la ASF tiene que cultivar un grupo de auditores altamente profesionales, bajo un proceso de rotación, y con un servicio civil de carrera impecable. Colmenares podría pasar a la historia como el auditor que creó una armada de auditores que se convierta en el corazón de la ASF. La meta debe ser que, independientemente de quién sea el titular, la auditoría funcione por sí sola.

Hace unos meses, cuando el pasado auditor, Juan Manuel Portal terminó, escribí una columna titulada Su siguiente botín. El auditor federal. En ella identificaba muchas de las limitantes que enfrentaba

el auditor anterior, y que enfrentaría quien fuera que lo sucediera.

Hoy sabemos quién lo sucedió y sabemos que su principal reto es ganar el respeto de aquellos que lo cuestionan haciendo su trabajo de forma impecable. Ningún auditor escapará  a las críticas.

La labor principal del Colmenares es desmentir las críticas (a) eliminando toda discrecionalidad en la selección de entes auditados, (b) cambiando la definición de éxito para la auditoría para centrarla, no en procesos, sino en consignaciones y (c) profesionalizando al cuerpo de auditores para que puedan presentar casos inapelables.

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