¿Peña Nieto hará lo correcto? ¿Vetará?
Peña Nieto hizo lo correcto una vez, cuando vetó los últimos cambios hechos por los legisladores a la #Ley3de3. Estos cambios, tal cual expresó cuando comunicó su veto, resultaban en medidas contrarias a los derechos humanos previstos por la Constitución. Hoy, más que nunca, hay un clamor ciudadano frontal y contundente para que vete la Ley de Seguridad Interior. ¿Volverá a hacer lo correcto?
Estimado presidente Peña Nieto,
Hay algo que nos une a todos, a los que aprobaron la Ley de Seguridad Interior y a los que la rechazamos: Las ganas de crear el “México en paz” que usted prometió que crearía en sus 266 compromisos de campaña, y que año con año ha reiterado como meta en su informe presidencial.
Hay algo que también comprendemos todos, y es que su gobierno está en esta situación por demás desafortunada, tratando de ganar una elección en 2018, sin haber podido cumplir con el compromiso que tuvo con nosotros: reducir la violencia y los homicidios.
Lo comprendemos porque quienes sufrimos su falta de compromiso somos nosotros, los que no vivimos con seguridad privada, porque no podemos ni pagarla.
Pero hoy, presidente Peña Nieto, hoy como el 23 de junio de 2016, usted tiene la oportunidad de hacer lo correcto. De dejarnos en claro, a los ciudadanos, que su Plan Nacional de Desarrollo no eran palabras al día. Que lo que decía, cuando declaró que su meta era “prevenir y gestionar conflictos sociales a través del diálogo constructivo”, era cierto.
Demuéstrenos que lo que dijo era cierto. Demuéstrenos que sus promesas no fueron vacías.
Entre a la historia como el que vetó la Ley de Seguridad Interior. Recuerde que su partido, el PRI, desde la Revolución Mexicana tuvo por meta evitar resolver cuestiones civiles con el Ejército. Fue por este acierto del PRI que México es, hasta hoy en día, uno de los pocos países latinoamericanos que no han sufrido un golpe militar.
La Ley de Seguridad Interior ha sido criticada unánimemente por ciudadanos, por sociedad civil y por organismos internacionales. Todos vemos en ella consecuencias autoritarias, una visión cortoplacista de la seguridad pública y riesgos inminentes a los derechos humanos.
Presidente Peña Nieto, usted hoy puede decidir cerrar sus oídos o abrir un diálogo constructivo con nosotros, los ciudadanos.
Construyamos juntos formas de regular la labor del Ejército sin que ello suponga abrir una caja de pandora de consecuencias negativas.
Los ciudadanos compartimos con usted la desesperación de saber que la violencia simplemente no cede. Por el contrario, crece; se apodera de todo. Compartimos la desesperación, pero rechazamos la salida fácil. La salida fácil no es la correcta. Profesionalizar a las policías es lento, pero es la única salida segura y viable.
Hay algo claro y que todos también compartimos: La Ley de Seguridad Interior tiene una meta loable, regular la labor que nuestro Ejército ha cumplido desde hace más de 10 años, cuando la llamada “guerra contra las drogas” comenzó. Darle seguridad legal a un Ejército mexicano que ha valientemente estado en las calles, luchando una guerra que no le corresponde, tomando en sus manos un problema que no es suyo, sin armas legales o entrenamiento, no es sólo necesario, sino que también es deseable y humano.
El problema, presidente Peña Nieto, no es la meta, es la forma. Usted lo sabe porque su Plan Nacional de Desarrollo lo dice (cito textualmente): Tener un “México en paz” requiere “impulsar un federalismo articulado mediante una (…) mayor responsabilidad a los tres órdenes de gobierno”, “reorganizar la Policía Federal hacia un esquema de proximidad y cercanía” y “garantizar el respeto y protección de los derechos humanos”. Esas son sus palabras, las dijo en su Plan y en su campaña.
Sin embargo, todas estas palabras y promesas no se ven reflejadas en la Ley de Seguridad Interior. La Ley aprobada por las cámaras va en contra de su Plan de Desarrollo y va en contra de México.
Así que, señor Presidente, si no quiere escucharnos a nosotros, escuche a su Plan de Gobierno: La Ley de Seguridad Interior no es la salida, no es la forma. El crimen no se reduce con la fuerza bruta, se reduce con la constante implementación de la ley.
