Reforma Fiscal en EU. ¿Qué sigue para México?
El sábado en la madrugada fue aprobada en el Senado de Estados Unidos una reforma fiscal que reduce considerablemente su impuesto corporativo.
De lograrse su aprobación final, la reforma representaría
un golpe bajo a las negociaciones del North American Free Trade Agreement (NAFTA).
¿Qué significa para México y cuáles son los siguientes pasos?
El Senado de Estados Unidos aprobó una reforma fiscal condenada por todos, menos por sus corporaciones. La reforma representa una de las mayores trasferencias de riqueza hacia los más ricos en la historia reciente de este país.
Entre las muchas detestables decisiones económicamente regresivas que esta reforma implica están: una reducción a las tasas de impuestos corporativos del 15 a 20 por ciento, y el otorgamiento de prerrogativas fiscales para la repatriación de capitales de inversión hacia Estados Unidos.
Los principales beneficiarios de esta reforma fiscal de Estados Unidos son los amigos de Trump: las grandes empresas. Esto se logra a costa de pavimentar el camino para un endeudamiento que reducirá la capacidad de proveer de bienes públicos a los más vulnerables.
Si esta reforma es finalmente aprobada en Estados Unidos, uno de los afectados más directos será nuestro país. La reforma hará que producir en México sea comparablemente más caro de lo que era antes, y podría (no necesariamente) ocasionar reducciones en las inversiones estadunidenses en México.
¿Qué implica esto y cómo debe reaccionar México?
1. Se debe poner el efecto de esta reforma fiscal en perspectiva social. Lo que más le debe importar a México es mantener un gasto público sano, que permita crear servicios públicos de calidad, aumentar la inversión pública y reducir la pobreza.
No debemos caer por default en los mismos errores en los que está cayendo el Estados Unidos de Trump. Es falso que, como éste lo ha promocionado, reducir el impuesto a las corporaciones genera empleos bien remunerados para el resto del país.
Esa idea, erróneamente promocionada en los ochenta, conocida como trickle down, ha sido reiteradamente probada como falsa. Cuando las empresas tienen más ingresos, no necesariamente crean más y mejores empleos. A veces, muchas veces, simplemente se acumulan ganancias de capital.
En México, por ejemplo, muchas de las ganancias que han tenido las grandes empresas se encuentran hoy en paraísos fiscales, no en salarios dignos. México tiene uno de los salarios mínimos más bajos de Latinoamérica, a pesar de ser también uno de los países que más inversión extranjera directa recibe. Por supuesto, hay muchas causas detrás de los salarios bajos, pero el que las grandes empresas no tengan suficientes ganancias no es, ni cerca, la más importante de ellas.
2. La lógica de nuestra reacción a la reforma no debe ser reducir la recaudación, sino aumentar la base recaudatoria. Debemos ser creativos y ambiciosos en crear una reforma fiscal que capture al 50% de la economía que hoy está en la informalidad, y que reduzca los agujeros fiscales que hacen que las más grandes empresas paguen menos impuestos que las más chicas. Aumentar el IVA gradualmente, compensando a los grupos de menor ingreso, es una solución atractiva. También lo es presionar a las entidades federativas para que aumenten su recaudación predial.
3. México debe pensar en la zanahoria, más que sólo en la fuerza. Mucha de la solución a la baja recaudación yace en que no hemos logrado crear un círculo virtuoso en el que los ciudadanos estemos motivads a pagar nuestros impuestos a partir de ver los resultados concretos que éstos generan.
Hoy, en un México plagado de corrupción y campañas políticas caras, pagar impuestos se siente como una extorsión. Como una mala broma para los que, además de pagar impuestos para que nuestra clase política se promocione, tienen que pagar sus propias medicinas porque hay desabasto en los hospitales públicos, o utilizar servicios privados de transporte porque no hay servicios públicos.
Es verdad que México debe ser “competitivo”. Es falso creer que eso se logrará con un Estado que cobre menos impuestos. No caigamos en el juego de Trump.
En el largo plazo, un Estado que no tiene una recaudación necesaria para crear inversión pública y servicios públicos no es productivo, es pobre y desigual.
