Alcaldicidio: Los están matando a todos

Las elecciones tienen muchos problemas: La remoción de Santiago Nieto de la Fepade. La falta de candidatos. 
La pulverización de la oposición ciudadana. El mayor de los problemas, sin embargo, está siendo más bien ignorado: Los están matando. Independientemente de quién gane. Independientemente de quién llegue. A los que llegan, 
a nuestros alcaldes, los están matando.

Hay un genocidio sucediendo ante nuestros ojos de forma silenciosa, el de los 35 alcaldes que fueron asesinados de 2013 a 2017. El de los 47 que fueron asesinados durante el periodo de Felipe Calderón.

La situación es grave y de no detenerse de inmediato será uno de los más grandes venenos de la arena electoral porque, dígame usted ¿Quién se animará a ser alcalde si los matan? ¿Quién tendrá las conexiones o la confianza para evitar que lo maten? ¿Quién y con qué compromisos estará dispuesto a hacer las paces? No hay peor censura que la que se crea dándole voz a los que de todas formas no quieren usarla.

Señores, esto es grave.

Anteayer mataron al presidente municipal de Ixtlahuacán, Colima. Al parecer, unos hombres armados atacaron al presidente Crispín Gutiérrez Moreno cuando transitaba por la carretera que va de Manzanillo a Guadalajara. Fue emboscado. Lo mataron a balazos.

Esto es más grave que seguir discutiendo si habrá segunda vuelta: ¿A quién le importa si los están matando?

Anteayer, también, el presidente municipal de Coalcomán, Michoacán, José Misael González Fernández, fue víctima de un atentado. Afortunadamente, no murió, a pesar de que el modus operandi fue el mismo. Un grupo armado lo esperaba en la carretera que va desde su municipio hasta la ciudad de Tepalcatepec. Fue herido en el pecho, el brazo y la mano.

Esto es más grave que seguir discutiendo el financiamiento: ¿A quién le importan las prerrogativas electorales si en otras prerrogativas están empeñando la vida?

Hace 12 días murió un alcalde. Lo asesinaron, El de Paracho, Michoacán, el presidente municipal, Stalin Sánchez González, fue ejecutado afuera de su casa.

Cuatro días antes del alcalde de Paracho, otro alcalde, esta vez el de Huitzilan de Serdán, Puebla, fue asesinado. Al alcalde Manuel Hernández Pasión y a su escolta los emboscaron hombres armados. También pasó en la carretera.

Las cifras siguen. El alcaldicidio prosigue hasta contarse a 100 alcaldes muertos en la última década, esto según datos compilados por la Asociación Nacional de Alcaldes (ANAC) y promovida por Alcaldes de México.

Parece poco, comparado con los cientos de miles de asesinatos que han sucedido en el mismo periodo de tiempo, pero no lo es cuando consideramos que éstas debieran ser las personas encargadas de crear un Estado de derecho.

Recordemos que hay una razón por la que el PRI continúa y continuará siendo uno de los partidos con mayores posibilidades de ganar en 2018, y esto es porque nunca han perdido la arena local. En los municipios, que es el gobierno con mayor cercanía a los votantes, el PRI todavía gobierna al 64% de la población. En comparación, el PRD y el PAN, juntos, gobiernan sólo al 32% de la población (Alcaldes de México, 2016). En términos del alcaldes, el 62% de los alcaldes de este país es priista.

Así, bajo las circunstancias actuales, no hay razón para pensar que la alternancia llegará a la arena municipal si ser alcalde se convierte, como se ha convertido, en una profesión de alto riesgo.

Urge crear una fiscalía que sirva también para proteger a los alcaldes y que permita llegar a gobernar a los mejores candidatos, no nada más, como lo es ahora, a los más valientes. Queremos talento gobernando este país, no queremos gobernando a quien no tiene nada que perder.

Valga la pena decir que no es claro que sea el crimen organizado, en muchos de los casos, el que está detrás de los alcaldicidios. Si bien es cierto que, según ANAC, los municipios en los que existe más violencia contra alcaldes corresponden geográficamente a las áreas de mayor influencia de cárteles de la droga, en muchas ocasiones, sobre todo en municipios de comunidades rurales como Oaxaca, parece que existen luchas ejidales o étnicas detrás de la violencia. Las pugnas que existen a nivel municipal no son triviales y tenemos que encontrar un mecanismo para resolverlas.

Temas: