“Cómo sí” en NAFTA
No me parece que México deba considerar como una imposibilidad teórica que el trabajador gane más
y que sigamos siendo competitivos en el NAFTA. Tampoco
me parece que sea cierto que, para lograrlo, tengamos
que primero aumentar la productividad (concepto difícil
de medir y mucho más difícil de anclar a los salarios).
Hay formas. Negociemos astuta y generosamente.
Poco sale de los cuarteles de negociación del NAFTA al mundo externo. Lo que sale parece contar la historia de un grupo negociador mexicano que rechaza centrar la negociación en salarios y las mejoras laborales, pues considera que la ventaja comparativa de México es proveer a sus socios comerciales de mano de obra barata y sumisa.
Asumamos que esto es cierto. Asumamos que los salarios bajos son los que les dan la ventaja a ciertas industrias en México. Aun así, aún bajo ese escenario que probablemente no es cierto, hay espacio para subir los salarios y aceptar reformas laborales más progresistas.
Primero, México ya había aceptado varias reformas laborales como parte del TPP. En parte debido a ello se hizo la reforma laboral de hace ocho meses, que representó avances importantes en la representación del trabajador, pero que ahora corre el riesgo de ser diluida. México podría aceptar esos preceptos sin dejarse tentar por la posibilidad de, como buscan algunos, consolidar la subcontratación y otras formas de darle la vuelta a las leyes laborales. Podríamos incluso aceptar más reformas que el TPP dado que, México es todavía un país con sindicatos dependientes, monopolísticos y politizados.
Segundo, los salarios en México podrían subir sin necesariamente dejar de ser competitivos. México tiene uno de los salarios mínimos más bajos de Latinoamérica (Banco Mundial, 2016) y un salario promedio que está al menos 1.75 veces por debajo de lo que se esperaría para un país con nuestro nivel económico (Elton & Merino, 2017). Aún más, cuando el salario mínimo subió en diciembre, no se generó efecto faro ni inflación desbordada ni aumentos en la informalidad o el desempleo. Por el contrario, el empleo se ha encontrado en varios meses de 2017 en sus máximos históricos, y la informalidad con datos bajos. Nada nos indica empíricamente que no sea posible subir más los salarios.
Tercero, no subir los salarios es darnos un tiro en el pie. La razón por la que México depende tanto de tratados internacionales es porque no hemos podido desarrollar un mercado de consumo interno. Para que los mexicanos puedan consumir, son necesarios buenos salarios. Mantener el poder adquisitivo deprimido a fin de poder tener empleo nos deja en una situación en la que cada vez tendremos menos margen de negociación: cada vez más dependientes del exterior y cada vez más precarios internamente (Rodrik, 2017).
Cuarto, la productividad ya ha subido sin que se observen incrementos en los salarios. De 2007 a 2014, las remuneraciones reales por hora en promedio se cayeron 7.6%, esto debido a que las remuneraciones aumentaron 1.1% mientras que la productividad lo hizo 9.3% (Gómez Tamez, 2014, citado por Elton & Merino, 2017). Las ganancias de estos aumentos o se han concentrado en los productores o se han perdido debido a aumentos en los costos de bienes monopólicos, como servicios financieros, telecomunicaciones o combustibles. Más que mantener los salarios bajos, lo que hay que hacer es destruir los monopolios. Esto es un asunto a resolver en la Cofece, no en la Conasami.
Levantarnos de la mesa de negociación porque no podemos aumentar los salarios oscurece las muchas aristas de negociación que podríamos tener para subirlos, o comenzar a subirlos de forma que fuera benéfico también para México. Nuestro país no es competitivo sólo porque paga poco. México ha probado aventajar a China en muchos otros aspectos como son respeto a los derechos de autor y reducidos costos de transportación debido a cercanía territorial (Hanson, 2010).
Seamos lo suficientemente ambiciosos como para plantearse la posibilidad de crear un modelo de crecimiento, un modelo de país en el que no vendamos la explotación de nuestros connacionales, sino su trabajo digno y bien pagado. Sólo ello creará un México que crezca para todos, no sólo para unos cuantos.
