María Amparo y Ricardo
Queridos María Amparo y Ricardo: Gracias. Gracias por inspirar a toda una generación, a varias, con su garra y su astucia periodística. Se van de la radio, pero nunca del centro de la atención mediática. Le seguiremos la pista, a María Amparo como columnista de Excélsior y a Ricardo en Canal Once y sus múltiples espacios. Dejo una reflexión sobre las razones por las que los admiro y la tarea que nos deja su salida de la radio
Comienzo con una confesión: soy fan de María Amparo y de Ricardo.
Conozco a María Amparo Casar desde hace varios años, cuando tuvimos la fortuna de ser vecinas de oficina en el Imco. A ambas, el Imco nos había adoptado. A mí, como directora de México ¿Cómo Vamos?, y a María Amparo, en un sabático académico. Un día, María Amparo me invitó un sushi y me contó de lo que entonces era un proyecto naciente: la publicación de un reporte sobre corrupción del que ella sería autora. Ahí también me confesó algo que me pareció muy inspirador: yo nunca dejaré de arrastrar el lápiz. No sé si ese día u otro le dije lo que todavía pienso: “Cuando crezca quiero ser como tú”. Ella se sonrió tiernamente y me regaló el mejor cumplido: “Ya lo eres”, me dijo. Yo no sé si ella se acuerde. Yo me acuerdo como si fuera ayer.
A Ricardo Raphael también lo conocí hace unos años, cuando varias veces me invitó a su programa para comentar los temas que frecuentemente abordo en esta columna: seguridad y economía. Muy felizmente lo volví a encontrar el año pasado, cuando tuve la fortuna de ser parte del jurado que seleccionó al Comité de Participación Ciudadana del Sistema Nacional Anticorrupción. Ricardo fue uno de los candidatos al Comité. Ahí me sorprendió por su solidez y su arrojo. Recuerdo que en la entrevista, Ricardo nos dijo y aclaró que él debía ser seleccionado como miembro del Comité porque nunca dejaría de hacer lo que lo hace quien es: un periodista. Se refirió a su profesión con un orgullo y una pasión tal que, tan sólo de acordarme, se me pone la piel de gallina. Meses después vi a Ricardo para echar unas tostadas y unos mezcales en la Roma. El hombre era, además de todo, encantador.
A Curzio lo conozco bien poquito. Bueno, lo conozco un montón “de escucharlo”, pero muy poco en persona. Seguro él ni se acuerda porque fue una platicada muy rápida en un restaurante en Santa Fe. Le conté del proyecto en el que entonces trabajaba. Me hizo preguntas bien astutas y me hizo sonreír. Yo estaba más nerviosa de lo que hubiera querido.
Perder la posibilidad de escuchar a María Amparo, a Ricardo y a Curzio es una pena. Su espacio era un lugar de constante cuestionamiento, de libertad y de inteligencia. Sus análisis, una joya para disfrutar la radio. Sus voces permanecerán con nosotros.
Su salida nos deja un enorme vacío, pero, sobre todo, una muestra de lo mucho que este país todavía necesita avanzar para propiamente llamarse democrático. Se les extrañará mucho.
Así que, a María Amparo, a Ricardo y a Curzio, no nos queda más que agradecerles por dos cosas. Primero, por ayudarnos a semana con semana entender mejor la realidad política y económica de México. Y segundo, y quizá más importante, por ayudarnos, con su salida abrupta de los medios, a entender las enormes áreas de oportunidad que nos quedan.
La trágica ausencia de libertad de expresión es patente en el día a día de nuestro país. Esta semana, a la par de su salida, el fotoperiodista Edgar Daniel Esqueda Castro fue asesinado. Especialista en seguridad y justicia, Daniel cubría la ciudad de San Luis Potosí. Como ha mencionado constantemente Artículo 19, un organismo de la sociedad civil que busca promover la libertad de expresión, este es tan sólo uno de los 111 casos de periodistas asesinados en México, de 2000 a la fecha, en posible relación con su labor como informadores.
Y así podríamos continuar. Semana a semana la falta de libertad de expresión en nuestro país es patente de muchas formas.
Así que, va un deseo: Que la salida de María Amparo y Ricardo no se olvide, sino que por el contrario, se recuerde como una renovada muestra de lo que necesitamos: prensa libre, crítica astuta y una enorme pasión por día a día trabajar por nuestro país. María Amparo y Ricardo nos dejan un hueco y una enorme tarea.
