¡Ayuda! Nos están matando

En mes y medio se ha asesinado a cuatro periodistas 
en México. En 2016, de acuerdo con Artículo 19. 
De 2000 a la fecha, también de acuerdo con la misma fuente, 103 periodistas han sido asesinados. 
Esto no puede continuar, urge una mejor Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Contra Periodistas. La que tenemos es una broma.

De acuerdo con el Comité para la Protección de los Periodistas (Committee to Protect Journalists, CPJ), el organismo internacional más reconocido en la materia, México es el sexto país del mundo con mayor impunidad en el asesinato de periodistas. Pero el segundo, si se extraen países en guerra.

Otras fuentes, como Artículo 19, una ONG también especialista en el tema, estiman que México es el tercer país del mundo con mayor número de periodistas asesinados desde 2013, y el primero, si se extrae a países en guerra. Arriba de México, en la muestra completa, sólo están Siria y Afganistán.

Lo preocupante es que, si seguimos como en 2017, independientemente de la fuente de datos, seremos, sin duda, los primeros. En Filipinas, el primer lugar en impunidad, de acuerdo con el CPJ (único peor que México si se quitan de la lista países sin guerra), en 2017 “sólo” se ha asesinado a un periodista. En México, llevamos cuatro. Ya 2016 fue el año con mayor número de homicidios en lo que va del sexenio (once, señala Artículo 19). Al paso que va 2017, volveremos a romper el récord.

Maximino Rodríguez fue el último asesinado, y sucedió apenas esta semana. Se dice que sus artículos le molestaban al crimen organizado. Aparentemente, ya lo habían amenazado. Animal Político reporta que desde diciembre de 2016 le habían llamado por teléfono para decirle que “ya le parara” y que “ya no lo hiciera”. Aparentemente, no lo hizo. Así que, el viernes pasado le dispararon luego de cumplir ocho años escribiendo para un blog en Baja California Sur. Sus temas: corrupción y denuncia ciudadana. 

Ricardo Monlui Cabrera fue asesinado en marzo de 2017. Le dispararon en un restaurante en Veracruz. Trabajaba en Córdoba y en Xalapa. Ya en 2010, según Animal Político, lo habían baleado. El periodista acusaba a los policías locales de ser sus victimarios. No queda claro el motivo, pero sí se sabe que cubría asuntos relacionados con el azúcar. Los cañeros son conocidos por su violencia. Como me dijo recientemente un líder empresarial: “Los del azúcar matan”. Y pues sí, sí lo hacen.

Miroslava Breach fue asesinada en Chihuahua cuando preparaba a su hijo para ir a la escuela. Le dieron ocho balazos. Su trabajo había identificado ligar entre el crimen organizado y los gobiernos locales. Aparentemente, aún con mucha más fuerza en ciertos municipios de la Sierra de Chihuahua. Su asesinato fue mucho más sonado porque ella trabajaba para un diario de alcance nacional (La Jornada) y porque había sido la directora del periódico El Norte, en Ciudad Juárez. Luego de su asesinato, el periódico cerró su edición impresa por no existir “garantías ni la libertad para ejercer el periodismo crítico”.

Cecilio Pineda fue asesinado en Guerrero, en Ciudad Altamirano. Él dirigía un periódico pobre y local llamado El Político. Cubría la fuente policiaca, denunciando grupos del crimen organizado. Ya había denunciado amenazas a su persona. Aparentemente, unas personas le dispararon desde una moto mientras el periodista esperaba su auto que estaba siendo lavado.

Tristemente, lo más probable es que todos estos asesinatos queden impunes. El 99.75% de las agresiones contra reporteros en México queda sin resolverse, nos dice Artículo 19. De los 48 expedientes que maneja la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Contra Periodistas (ya de por sí muy pocos, considerando los datos anteriores), sólo tres han tenido sentencia.

Urge una fiscalía de verdad. Urge porque nos están matando.

Por mucho hemos discutido la urgencia de tener una Fiscalía Anticorrupción autónoma. La mancuerna que ésta necesitará para operar, o al menos una de ellas, es la protección a los periodistas. Son ellos quienes, en muchos casos, detonan los casos de corrupción antes que las auditorías lo hagan. Mientras que la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Contra Periodistas siga siendo una fachada, la lucha contra la corrupción no funcionará.

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