Voy a dejar esto por aquí, y salir sonriendo (es sobre el salario mínimo)

Los economistas ortodoxos mexicanos no dejaron de argumentar en contra de aumentos en el salario mínimo durante todo 2016. Ante la petición que hacían algunos grupos de la sociedad civil y Coparmex de un salario digno, ellos predijeron que el incremento en el mínimo generaría inflación, efecto faro, e informalidad. Bueno. Otra vez, se equivocaron.

Los datos preliminares de empleo e ingreso de 2017 muestran que, muchos de los temores que se tenían al incrementar el salario mínimo fueron equivocados. Tres datos:

1.- El aumento en el salario mínimo no ha sido altamente inflacionario. Los bienes que más han aumentado la inflación al productor en enero del 2017 no fueron aquellos con alto contenido de mano de obra, sino bienes relacionados con los combustibles.Lo mismo puede decirse de la inflación al consumidor. Cabe mencionar que, lo que más ha aumentado la inflación al productor en enero del 2017 no fueron los precios de bienes de alto contenido de mano de obra, sino bienes relacionados con los combustibles.

2.- El aumento en el salario mínimo no ha generado efecto faro. El salario promedio de todos los empleos formales subió 4.2%, mientras que el salario mínimo experimentó un incremento de 9.6% (IMSS 2017; valores nominales). Si se hubiera presentado un efecto faro, el aumento del salario promedio hubiera sido también del 9.6%. Vean análisis de David Kaplan.

3.- El aumento en el salario mínimo no ha aumentado la formalidad. El empleo formal creció en 4.2%, en concordancia con lo esperado si no hubiera habido incrementos en el salario mínimo (STPS, 2017). Esto se debe a que el salario promedio de todos los empleos formales, cuando se le analiza en términos reales (después de inflación acumulada) en realidad cayó (-0.6%) con respecto al año pasado (IMSS, 2017, valores ajustados). Los salarios siguen siendo más competitivos que el año pasado. De hecho, la informalidad es menor en 2017 que en 2016, y así también la subocupación y el desempleo (Inegi, 2017).

Lo que sí pasó con el incremento del salario mínimo es una ganancia importante en el poder adquisitivo del trabajador. En 2016, con el salario mínimo a 73.04 pesos diarios, el trabajador podía comprar solo el 82% de la canasta básica alimentaria y no alimentaria, que entonces costaba 89.33 pesos diarios (Coneval 2017). En 2017, con el salario mínimo a 80.04 pesos, el trabajador puede comprar el 87% de dicha canasta (que ahora vale 92.04 pesos) (Coneval, 2017). Éste es el mayor poder adquistivo del salario en la década (en 2014, era de tan sólo 78%) (Coneva,l 2017).

Si bien el incremento es todavía insuficiente (el salario debe poder satisfacer las necesidades básicas del trabajador), y el análisis que aquí presento es preliminar, ello no quita que la debacle económica inmediata predicha por los economistas ortodoxos simplemente no se materializó.

Parte de la razón, es sin duda, que el salario mínimo es ganado por pocas personas. Sólo 2,177 mil 109 personas  ganan un salario mínimo o menos trabajando de tiempo completo, de las cuales solo 255 mil 554 son formales. Es decir, el 11.7% son formales.

Parte de la razón es también que el salario mínimo es tan bajo que pensar (como lo hacen los economistas ortodoxos) que determina el equilibro entre la oferta y la demanda laboral es simplemente ilusorio.

Con libros de texto de los años ochenta y de modelos matemáticos que ignoran los más recientes avances de la economía del comportamiento, los economistas ortodoxos han llamado a su ideología ciencia, ignorando que, en muchas ocasiones, factores determinados por ellos mismos (parámetros, distribuciones, supuestos) son la raíz de sus propias conclusiones.

Dichos modelos ortodoxos, ya están siendo cambiados y actualizados en la academia económica internacional luego de mostrar su notoria incapacidad para predecir asuntos como la crisis financiera del 2008, o la acumulación de desigualdad económica.

Tristemente, en México, siguen siendo utilizados con irresponsabilidad para recomendar decisiones de política pública que afectan millones de vidas, o satanizados a priori sin entender su relativa utilidad como herramienta analítica. Un ejemplo claro son los ejemplos al salario mínimo.

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