Hoy, rumba y letras en Panamá
Un cantautor por encima de todo, pero también actor, abogado y político. Todas esas personalidades posee el famoso compositor panameño Rubén Blades, que hoy domingo celebra su cumpleaños 69. En casi medio siglo de trayectoria artística, el autor de algunos clásicos ...
Un cantautor por encima de todo, pero también actor, abogado y político. Todas esas personalidades posee el famoso compositor panameño Rubén Blades, que hoy domingo celebra su cumpleaños 69. En casi medio siglo de trayectoria artística, el autor de algunos clásicos de la música latina ha desplegado con éxito todas sus facetas profesionales. Pero cuál ha sido su clave creativa, cuál es el factor de unión de esta amalgama de aptitudes, qué elemento le ha proporcionado a su innato ingenio la llave de su expresión. Aventuro una respuesta: Blades es un gran lector. Él mismo, en una entrevista que le concedió a este reportero hace casi tres años, ofrece información al respecto.
Al preguntarle qué autores han nutrido su imaginario, quiénes han influido en sus letras e incluso qué estaba leyendo en ese momento, Blades respondió: “Estoy releyendo los textos periodísticos de (Gabriel) García Márquez; leyendo las obras de (William) Faulkner, ahora empecé Sanctuary; estoy leyendo Why we fight, de (George) Orwell; también estoy leyendo a (Mario) Vargas Llosa. El Yoknapataupha de Faulkner, el Macondo del Gabo y mi Hispania, de Maestra Vida, están conectados”. (Excélsior, 25/10/2014).
En su respuesta, Blades omitió el nombre de pila de cada autor. Lo anterior muestra, considero, la familiaridad que el músico ha establecido a lo largo de su vida con el ámbito literario. Y más allá: reconoce que una de sus máximas obras, el disco Maestra Vida (1980), aspira a emparentarse, de alguna manera, a los universos ficticios del Nobel estadunidense y del Nobel colombiano. En ese sentido, considero que esa aspiración creativa la ha trasladado a su discurso por excelencia, que es la música. De hecho, Blades ha manifestado en sus obras y actuaciones ese vínculo con lo literario.
Por ejemplo, resulta destacable aquel pequeño discurso que le sirvió de introducción para presentar su popular canción Pedro Navajas en un memorable álbum, Rubén Blades y Son del Solar. ¡Vivo! lanzado en marzo de 1990 por el sello Elektra y que fue grabado en vivo en The Lonestar Roadhouse, de Nueva York, en octubre de 1989. En aquel prólogo, Blades, al frente de su orquesta, dice: “Ustedes saben lo curioso, cómo son las cosas en esta vida, ¿verdad? Cuando yo escribí esta canción me dijeron que nunca iba a tener éxito en la compañía, cuyo nombre no voy a mencionar… porque era una canción muy larga. Imagínense ustedes —claro, no es que yo me ponga en esa categoría—, pero si ellos hubieran sido los editores de Don Quijote... hubiera salido un pasquín”. Y luego inventa un diálogo: “Oye, Cervantes, chico, quítale un poco de hojas a eso, que está muy grueso, la gente no va a leer eso. La parte de la Dulcinea sí me la dejas ahí, porque a la gente le gusta eso, pero lo demás… ¡Sancho Panza! Quita a ese chico de ahí, ¿quién quiere leer un gordo ahí, quítame a ese tipo. Ponme a alguien que se parezca a Tony Curtis y entonces hablamos…”.
Y de inmediato comienzan a escucharse los primeros acordes de la canción junto al sonido de las sirenas de patrullas que se incluyen en ese número. Pero el sustrato literario que existe en Pedro Navajas no se agota ahí, pues resulta que esta canción —compuesta en 1978 e incluida en el álbum Siembra— guarda otro guiño. En ella se relata un asesinato nocturno en plena calle, que puede ser cualquier calle de cualquier urbe latinoamericana, pero en su letra se asoma un eco de una de las mejores piezas de la dramaturgia alemana del siglo XX: el legendario Pedro Navajas, lo ha dicho el propio Blades, está inspirado en Mack The Knife, protagonista de la canción que a su vez forma parte de La Ópera de los Tres Centavos, creada por Kurt Weill y Bertolt Brecht, y estrenada en 1928.
Y sólo para redondear, habrá que señalar otra mención literaria: una de las frases que rematan el famoso coro de “la vida te da sorpresas” es la no menos sorprendente frase: “como en una novela de Kafka, el borracho dobló por el callejón…”. He ahí otra referencia.
Pero en una obra tan vasta, lo que sobran son ejemplos. Otro de ellos es Ojos de perro azul, canción aparecida en el disco Agua de luna (1987) y que calca el título del famoso cuento de García Márquez. En ese caso, Blades hace una versión muy libre del relato sobre un hombre y una mujer que se encuentran en sueños. La letra del panameño dice: “Ojos de perro azul /encadenado a un pasado sin voluntad / sin ser esclavo tampoco está en libertad, / con sueños que no recuerda al despertar”. Y en realidad es la única referencia al texto del colombiano, pero sí es destacable el tributo que Blades le rinde.
Ofrezco un ejemplo más. Su canción Cipriano Armenteros, que cuenta la historia del bandolero panameño del siglo XIX, está escrita como si fuese un corrido mexicano, lo que demuestra dominio de las décimas por parte de Blades. Este tema, grabado en 1975 por el boricua Ismael Miranda, dice en su primera estrofa: En mil ochocientos seis / allá por el mes de enero / en las llanuras del Chame / cayó Cipriano Armenteros...”.
Y un ejemplo de pilón: Blades participó en The Capeman, un musical noventero para Broadway escrito por el cantante Paul Simon con la colaboración de Derek Walcott, autor antillano, premio Nobel de Literatura 1992, que falleció, por cierto, el pasado 17 de marzo.
Como se ve, la creatividad de Blades está atada a la literatura. No en todas sus canciones, pero sí en muchas. Seguro hay entre los escasos lectores de esta columna algunos que aporten más ejemplos de ese vínculo entre la literatura y la música en la obra de Blades, quien el viernes anunció su retiro de las giras musicales, pues adujo que a su edad ya debe priorizar otros planes.
Estribo y cuenta
Con presupuesto recortado, sin margen de tiempo y sin planes a la vista, al parecer la única apuesta firme que le queda a la Secretaría de Cultura federal es llegar, sin sobresaltos, hasta la otra orilla de este sexenio.
